La memoria por les 30.000 nos convoca todos los años a las calles. Recordarles no es sólo eso, sino también reivindicar la vigencia de su lucha por un mundo mejor y más justo.

¡Este definitivamente no es un 24 cualquiera!
En el medio de una crisis mundial, ésta vez con el coronavirus como corolario, Argentina atraviesa un aislamiento social obligatorio. Por lo cual este año pasaremos esta fecha tan importante en nuestras casas.

Desde los organismos de DDHH se convoca a un pañuelazo y otras acciones virtuales para conmemorar esta fecha. Sabemos que la situación exige que cumplamos esta restricción, y por eso nos sumamos a esta forma de movilización. Sin embargo, no desaprovechamos esta coyuntura para reflexionar sobre cómo nos encuentra este nuevo aniversario del golpe cívico-militar.

Esto que atravesamos hoy deja expuesto que la desigualdad contra la que lucharon aquellas y aquellos miles de jóvenes sigue siendo la misma. Esto sin dudas tiene que servirnos para desnaturalizar TODAS las injusticias y poner nuestras voluntades para combatirlas.

¡Proponemos practicar la memoria activa!
Porque la memoria activa no es pensar que aquellas eran “almas puras y bellas” con sueños utópicos. Es volver a levantar las banderas, es retomar el camino e incorporar todo ese bagaje de aprendizajes colectivos. Es pensar a los y las compañeras como los y las revolucionarias que fueron, como luchadores y luchadoras, como factor dinámico de cambio.

Es en ese sentido que las prácticas, las estrategias y los planteos teóricos de aquella generación diezmada siguen siendo actuales. Actuales porque estas ideas siguen operando, siguen actuando sobre nuestra realidad. Ya que no podemos negar, después de que se estrellara el neoliberalismo de los noventas, que la única salida verdaderamente humanista vuelve a ser socialista, popular, feminista y desde abajo.

Memoria activa entonces, es consolidar los avances en DDHH e ir por más. Es luchar por el juicio y castigo de los responsables de Mercedes Benz, Acindar, Ford, Ledesma y la cúpula eclesiástica.

Memoria activa es plantear el genocidio, NO como una aventura de los militares “con complicidad” de algunos civiles, sino plantearlo como lo que fue: UN PLAN SISTEMÁTICO CONTINENTAL DE EXTERMINIO, DE DISCIPLINAMIENTO DE LA CLASE OBRERA, DE LOS MOVIMIENTOS SOCIALES Y POPULARES, DE LOS Y LAS ESTUDIANTES Y UNA REORGANIZACIÓN DE LAS RELACIONES SOCIALES ECONÓMICAS SOBRE LOS PILARES DEL INDIVIDUALISMO, LA DELACIÓN, LA DESCONFIANZA; Y UN MODELO EXCLUSIVO DE EXPORTACIÓN/EXFOLIACIÓN DE MATERIAS PRIMAS Y COMMODITIES.

Memoria activa también, es no olvidar que la dictadura nos dejó 45.100 millones de deuda externa. Es desconocer la deuda actual, exigiendo que el peso del pago le caiga a quienes corresponda, y usar ese dinero para el fortalecimiento de nuestro sistema sanitario, nuevos hospitales para, por ejemplo, paliar la actual pandemia que sufrimos. Y de esa manera, empezar a saldar la deuda social por la que luchó y dio la vida aquella hermosa generación que hoy, más que nunca, debemos recordar.

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