La noche que fusilaron la patria

Por Luis Cuello

La fuga de los presos políticos de la cárcel de Rawson tenía una doble significación política. Primero, la unidad en acción de las tres organizaciones guerrilleras más importantes ( ERP, FAR y Montoneros) y segundo, dar un golpe durísimo a la dictadura de Lanusse. 

Una fuga en la cárcel más aislada del país era una burla para el régimen que se jactaba, cómo si de un trofeo se tratara, de tener encarcelados a la cúpula de las organizaciones ( Santucho, Vaca Narvaja, etc.) y dirigentes sindicales de la talla de Agustín Tosco. 

En ese momento Agustín Lanusse se presentaba como un general «demócrata». Anunciaba con bombos y platillos su disposición a lograr un «gran acuerdo nacional». Las publicidades de radio y televisión llamaban a una  falsa reconciliación con el lema » un partido que jugamos todos». Lo cierto es que, más que su apertura democrática, la dictadura se veía acorralada. Desde el cordobazo, en mayo de 1969, la ofensiva popular en contra del régimen se agudizaba. Huelgas, insurreciones, unidad del sindicalismo combativo  y los estudiantes, el surgimiento de organizaciones guerrilleras con apariciones espectaculares, como el secuestro de Aramburu por parte de Montoneros, o la toma de Garín por las FAR. Este auge de la lucha de clases, ponía en jaque al gobierno dictatorial y hacía pensar a las clases dominantes que era hora de dar lugar a elecciones libres dónde el peronismo pueda participar.

La fuga se planifico durante meses. Se pensó en todo. La idea era que 110 presos políticos llegarán al aeropuerto de Trelew el 15 de agosto y despegarán hacía el Chile de Salvador Allende, para terminar la travesía en Cuba. 

Se logra comprar la voluntad de uno de los carceleros para poder ingresar el armamento. Se coordinan las acciones entre FAR, Montoneros y ERP. Dividen las tareas entre los pabellones de mujeres y de hombres. De esta manera se da, a pesar de las diferencias estratégicas, sobre todo en su disimil caracterización del peronismo, una unidad de acción de las fuerzas revolucionarias.

Luego de tomar el penal, había que esperar la llegada de los vehículos. Primero iban a salir las cúpulas de las tres organizaciones en dos autos y luego llegarían camiones para trasladar al resto de los compañeros. Pero una falencia en la comunicación hace que el encargado del traslado entienda mal una seña y decida no llegar al penal con los vehículos.

Ante esta demora, un segundo contingente de 19 militantes piden remises pero  cuando llegan  el avión ya había despegado. Al ver que no habría posibilidad de seguir con lo planificado deciden tomar el aeropuerto de Trelew para entregarse. Piden como requisitos que se presente un juez de Paz, mediadores, la prensa y un médico.

Al llegar los periodistas , se produce una conferencia de prensa improvisada. ( Saqué «dónde las organizaciones dan testimonio, porque lo dice abajo)

A pesar de que los 19 presos políticos se iban a entregar incondicionalmente, no fueron devueltos al penal de Rawson, sino llevados a la Base aeronaval Almirante Zar. Allí estuvieron varios días hasta que a las 03:30 a.m del 22 de agosto, los 19 detenidos fueron sorpresivamente despertados, sacados de sus celdas y fusilados. Solo María Berger, Alberto Miguel Camps y  Ricardo René Haidar sobrevivieron a la masacre, aunque años después serían desaparecidos por la dictadura genocida de 1976.

Los 16 fusilados fueron: Alejandro Ulla (PRT-ERP), Alfredo Kohan (FAR), Ana María Villarreal de Santucho (PRT-ERP), Carlos Alberto del Rey (PRT-ERP), Carlos Astudillo (FAR), Clarisa Lea Place (PRT-ERP), Eduardo Capello (PRT-ERP), Humberto Suárez (PRT-ERP), Humberto Toschi (PRT-ERP), José Ricardo Mena (PRT-ERP), María Angélica Sabelli (FAR), Mariano Pujadas (Montoneros), Mario Emilio Delfino (PRT-ERP), Miguel Ángel Polti (PRT-ERP), Rubén Pedro Bonnet (PRT-ERP) y Susana Lesgart (Montoneros).

Este acontecimiento sangriento fue un manotazo de ahogado de la dictadura que ya tenía los días contados. Se planeó como un ejemplo disciplinador, pero la realidad es que la militancia se volvió más fuerte, más conciente y más combativa. La lucha desde abajo llevo a qué el 25 de mayo de 1973 conjunto con la victoria del frente justicialista de liberación, en las primeras  elecciones libres desde hacía 18 años, se firmara una amnistia que liberaba a los presos políticos.

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