Por Mora Grinblat

El tiempo entre el 13 de junio y el 8 agosto del 2018 me lo acuerdo como un sinfín de emociones, intensidades, entusiasmos, preguntas. Lo que estaba en juego dentro del congreso no era sólo una ley. Pedíamos (y aún pedimos) porque dejen de morir personas gestantes en abortos clandestinos, por la soberanía de nuestros cuerpos y nuestros deseos, y por un horizonte en donde nuestros destinos no estén indefectiblemente unidos a la maternidad.
Hoy que la sensación de lxs cuerpxs en la calle pegados al calor de la lucha es como un musculo que nos amputaron temporalmente, lo vivido en la vigilia del 8 de agosto del 2018 toma otra dimensión. Éramos una masa imantada por la pasión de exigir nuestros derechos, éramos un objetivo que nos aunaba y una certeza de que pase lo que pase, algo ya estábamos ganando.
La lluvia y el frío nos hicieron pasar la noche abrazades a amigues, hubo fuego en la calle, papas fritas y mates compartidos mientras escuchábamos los discursos en la tele del Bauen. La mañana trajo la derrota en el conteo, la mayoría de les senadores no nos representaron. Para la ley seguimos siendo las incubadoras de la familia, la propiedad privada y el Estado. Pero colectivamente el aborto estaba legitimado, aunque el congreso no haya estado a la altura.
En esos meses de intensa lucha, a muchisimes pibxs les cayeron fichas sobre lo importante de que sus voces se escuchen. La sensación de que la realidad (y las leyes como parte de ella) es transformable y no estática, es algo de lo que no se vuelve. La frustración no le pudo ganar al impulso de organizarnos para mover el mundo.
Hoy, la realidad nos muestra que es urgente y necesario tener la ley. En estos dos años seguimos contando muertes por abortos clandestinos, niñas obligadas a parir, situaciones de maltrato en instituciones que niegan el derecho a la ILE aún en casos en que el código penal lo permite.
A pesar de que en diciembre del año pasado el ministerio de salud actualizó el protocolo para la interrupción legal del embarazo, aún las provincias de Tucumán, Formosa , Santiago del Estero, Corrientes y San Juan no adhieren ni cuentan con uno propio.
En este contexto de pandemia, dónde las desigualdades se agudizan, debemos recordar que el aborto es una cuestión de salud pública y un servicio esencial que no está en cuarentena.

Necesitamos la adhesión inmediata al protocolo de las provincias que aún no lo hicieron. Y exigimos que se envíe el proyecto de de ley al congreso.
¡QUE SEA LEY! ¡NI UNA MUERTE MÁS POR ABORTO CLANDESTINO!

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