Cuánta razón tenías Rodolfo, cuando al cumplirse un año de dictadura, nos decías: “Quince mil desaparecidos, diez mil presos, cuatro mil muertos, decenas de miles de desterrados son la cifra desnuda de ese terror.

“Mediante sucesivas concesiones al supuesto de que el fin de exterminar a la guerrilla justifica todos los medios que usan, han llegado ustedes a la tortura absoluta, intemporal, metafísica en la medida que el fin original de obtener información se extravía en las mentes perturbadas que la administran para ceder al impulso de machacar la sustancia humana hasta quebrarla y hacerle perder la dignidad que perdió el verdugo, que ustedes mismos han perdido.”

Y hoy, 45 años después, sabemos de las vejaciones y las torturas de una administración de la muerte llamada campos de tortura y exterminio, y también sabemos de los nietos y los hijos que todavía seguimos buscando. Hoy lo llamamos genocidio.

Pero también podemos contarte que la lucha de madres y abuelas de plaza de mayo ha logrado encarcelar a muchos de los perpetradores del terrorismo.

 Vos intuías “La segura participación en esos crímenes del Departamento de Asuntos Extranjeros de la Policía Federal, conducido por oficiales becados de la CIA a través de la AID”. Y hoy sabemos que ese fue el plan Condor. 

Cuánta razón tenías Rodolfo, cuando decías:

 “Estos hechos, que sacuden la conciencia del mundo civilizado, no son sin embargo los que mayores sufrimientos han traído al pueblo argentino ni las peores violaciones de los derechos humanos en que ustedes incurren. En la política económica de este gobierno debe buscarse no sólo la explicación de sus crímenes sino una atrocidad mayor que castiga a millones de seres humanos con la miseria planificada. En un año han reducido ustedes el salario real de los trabajadores al 40%, disminuido su participación en el ingreso nacional al 30%, elevado de 6 a 18 horas la jornada de labor que necesita un obrero para pagar la canasta familiar, resucitando así formas de trabajo forzado que no persisten ni en los últimos reductos coloniales. Congelando salarios a culatazos mientras los precios suben en las puntas de las bayonetas, aboliendo toda forma de reclamación colectiva, prohibiendo asambleas y comisiones internas, alargando horarios, elevando la desocupación al récord del 9%

Y hoy, Rodolfo, podemos contarte que la cosa no siguió bien porque la dictadura militar provoco una inédita reducción del salario real. El salario de los años 80 cae al nivel promedio de los 60. Posteriormente, el salario de los años 90, cae por debajo del nivel promedio de los años 50. Finalmente, el salario en los 2000, se reduce al nivel promedio de los años 40

Para llevar adelante este proceso tuvieron que aniquilar a una generación de luchadores. Si seguimos tu mirada, Rodolfo, hasta parece que nos hablas de nuestra realidad cotidiana.

 Basta andar unas horas por el Gran Buenos Aires para comprobar la rapidez con que semejante política la convirtió en una villa miseria de diez millones de habitantes. Ciudades a media luz, barrios enteros sin agua porque las industrias monopólicas saquean las napas subterráneas, millares de cuadras convertidas en un solo bache porque ustedes sólo pavimentan los barrios militares y adornan la Plaza de Mayo”.

No imaginas cuanto más se profundizo la desigualdad, como crecieron las villas, los asentamientos, como creció la precarización de la vida que deja a tantos sin acceso a una vivienda digna.

Y por otro lado están los que tienen un techo alquilado sobre sus cabezas. Desde la liberación de los precios de los alquileres dictada por Martinez de Hoz hasta nuestros días, alquilar es la pesadilla que invade el sueño obrero de la casa propia.

Cuánta razón tenías Rodolfo cuando decías: “Dictada por el Fondo Monetario Internacional según una receta que se aplica indistintamente al Zaire o a Chile, a Uruguay o Indonesia, la política económica de esa Junta sólo reconoce como beneficiarios a la vieja oligarquía ganadera, la nueva oligarquía especuladora y un grupo selecto de monopolios internacionales encabezados por la ITT, la Esso, las automotrices, la U.S. Steel, la Siemens, al que están ligados personalmente el ministro Martínez de Hoz y todos los miembros de su gabinete.”

Hoy, 45 años después, tenemos una economía transnacionalizada, el comercio exterior, y los resortes fundamentales de toda la economía se encuentra en manos privadas extranjeras y especuladoras, mientras nuestra clase dominante prefiere hablar de patria cuando le quieren cobrar más impuestos.

No creo, Rodolfo, que te sorprenda si te contamos que cuando comenzó la dictadura militar en 1976 la deuda era de 9 mil millones de dólares y en 1983 pasó a ser de 45.100 millones de dólares. Si hacemos la cuenta por habitante, a fines de 1975 cada habitante argentino tenía una deuda –que no había contraído- de 320 dólares ante las entidades financieras internacionales, deuda que a fines de 1983 ya alcanzaba los 1500 dólares.

Y para más sometimiento y dependencia, querido Rodolfo, hace pocos años el gobierno de Mauricio Macri endeudó al país con el FMI por 45 mil millones de dólares.

Como nos gustaría, querido Rodolfo, leer tu carta y poder decirte que hoy todo es distinto. Pero no, tus palabras no pierden actualidad porque, a 45 años del terrorismo de estado, aún no hemos podido revertir la lógica y las medidas que la dictadura impuso a fuerza de represión, muerte y desapariciones.

Por eso, hoy 24 de marzo levantamos el legado y queremos continuar el proyecto de la generación revolucionaria que se propuso un país más justo, sin explotación ni miseria. Y, como cada 24 de marzo, volvemos a reivindicar la lucha colectiva, por que como vos decías, “las clases dominantes han procurado que los trabajadores no tengan historia, no tengan doctrina, no tengan héroes, ni mártires. Cada lucha debe empezar de nuevo, separada de las luchas anteriores. La experiencia colectiva se pierde, las lecciones se olvidan”.

Mientras ellos nos siembran el olvido, nos escamotean nuestros orígenes, y nos presentan la historia como un montón de fragmentos inconexos, cómo si los genocidas de ayer no tuvieran nada que ver con los ajustadores de hoy, como si el fondo monetario de ayer fuera más malo que el de hoy; mientras ellos sigan teniendo el poder, nosotros seguiremos militando la memoria, la verdad y la justicia y procuraremos que las luchas no se pierdan y sean fuentes de experiencia.

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