Por María Jimena Cándido

-La cuarentena no son vacaciones, quedate en tu casa.

-Sabés que pasa Marta, pasa que yo no tengo casa. Me encantaría respetar la cuarentena, pero en el parador donde duermo son 70 catres, uno al lado del otro, uno encima del otro. Cuando mi compa estornuda puedo sentir sus gotitas resbalando en mi mejilla.

¿Qué se yo de la empatía? ¿Qué se yo del aislamiento social? ¿Qué sé yo si cierra el shopping o si no se puede entrar al cine? Si total yo duermo en la puerta, no entro.

-Disculpá Marta, posta,  pero lo más probable es que no me quede otra que ser vehículo del Corona.

¿Qué te ibas a imaginar? Tantas veces, no me viste durmiendo debajo del puente o adentro del cajero. ¿Qué te ibas a imaginar? Distintas realidades socioeconómicas. Mismo aire, mismo virus.

¿Qué te ibas a imaginar que todos tus mensajes de tinte solidario tipo: “nos cuidamos entre todos”, se te iban a borrar de un plumazo cuando te enteraste  de la cantidad de gente que no tiene donde pasar una cuarentena digna?

Y así el virus va a vivir de boca en boca, de todas esas bocas que no viste en los comedores.

¿Y ahora?  A lo mejor si el miedo es mucho  y los medios logran finalmente  el tan ansiado aislamiento social, pinta cuarentena por tiempo indeterminado,  hasta que el Corona termine por matarnos a todos los “descuarentenados”. Y a ver quién aguanta más, si yo vivo o vos encerrada. 

-¡Aguanta Marta aguanta! Que tu casa seguro está privilegiadamente adaptada para no salir.

Que ironía, que linda “broma” del sistema… Espero al virus, sentadito en la vereda, como siempre. Y te veo espiarme por la ventana.

¿Quién gana esta pulseada Marta? ¿Yo vivo o vos encerrada? Lo único que me alegra es que ahora si me vas a ver.

Papá Estado que nos cuida y nos protege, que pone límites cuando es necesario (como todo buen padre, siempre por nuestro bien) nos mandó a la cuarentena. Pero como suele pasar en este sistema de capas, papá Estado se olvidó de salvar a una parte de sus hijos.

El último Censo realizado por organizaciones sociales, arroja solo en CABA un número de 5400 personas viviendo en la calle. Estos son 5400 vehículos con alto riesgo de contagio. 5400 bocas que estornudan, tosen y se alimentan (cuando pueden); débiles, vulnerables, ranchando muy cerca unas de otras para no sentir el frío tan frío del abandono de papá Estado.

El virus se relame con esas 5400 almas a las que no se les puede pedir el compromiso del aislamiento, porque ya están aislados desde hace mucho, pero a la intemperie. Y es tal vez en este momento, a la espera del “enemigo invisible”, cuando nos toque la conciencia de entender que no será solo el “descuarentenado” la víctima de un sistema que es en capas. Que si te toco la capa del “privilegio”, la que romantiza la cuarentena solidaria, la de la casa con techo y Netflix para no aburrirte, igual sos víctima, siempre lo fuiste… Porque la desigualdad nos abarca y es el verdadero peligro. La inconsciencia del privilegio, es y será la pandemia.

Un comentario en «Cumplí la cuarentena, PELOTUDO»
  1. La pucha que duro……me sentí Marta en algún lugar,pero mí comentario de boliche con casa protegida no sirve. Sirve llegar dónde hay que llegar a dar una mano REAL, virtualmente somos todos solidarios.Hay que llegar a Rodríguez Larreta,con el hay que sentarse a buscar la solución.Estoy dispuesta,si alguien logra llegar a Larreta,vamos.Abrazo fraterno

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