por Valentina Cabrera
Ilustración: Anabel Montenegro

Para Aquiles Nazoa

Descreo en Pablo Picasso quien se creyó un todopoderoso salvándose en su propia creación.
Creo en su esposa y la sangre bajo las sábanas, el hijo en su suicidio de creencias, la amante histérica muerta en su locura y el nieto que busca en la inanición su fin.
Descreo en Chaplin.
Creo en Mildred Harris su esposa-niña quien entregó su primavera a los 13 años; y creo en Orina O’neil esposada a los 18 años cuando Charles tenía 54.
Descreo en Rainer María Rilkel y sus misivas de amor a su madre.
Creo que algo le pasó a Sophia y no lo sé.
Creo en su frase: «…entre en usted, excave en sí mismo. Ahí está el sentido».
Creo y descreo de todo lo dicho, pues la historia la escriben los vencedores.
Creo y descreo que en el talón esté la debilidad de Aquiles.
Creo y descreo que la vida y la obra sean cosas separadas.
Creo y descreo en la casualidad de la muerte de Isadora Duncan.
Creo y descreo en el sistema de poder que torturó y truncó el amor y la voluntad de Orfeo y Eurídice.
Creo y descreo en la voluntad del gato de Alicia.
Que desde su verbo intelectual siempre intenta confundirla.
Creo que la pedofilia se presenta envuelta en mágicos colores.
Creo y descreo que el amor y arte puedan salvar a la humanidad.
Y creo y descreo a menudo de mí misma, por eso, sé, que alguien me ama.

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