Desigualdad es que un niño y una niña tengan para comer solamente un plato de comida al día, y que sea en un comedor. Porque su papá y mamá no tienen para brindarles tan solo un pedazo de pan o, con sus escasos pesos, no poder llegar siquiera al 15 de cada mes con un mango en el bolsillo.

Mientras del otro lado, tenemos a un grupo reducido que en los últimos 6 años solamente, ganaron miles de millones (datos no relato) a costa de todo el Pueblo. Esos pocos ganan lo que a los y las otras les falta, a través de la especulación y la timba, del saqueo del trabajo ajeno, de sentarse e imponer paritarias a la bajas, de despedir y remarcar precios.

Es por esto que el acuerdo y el compromiso de los gobiernos que se dicen populares, tiene que ser con las mayorías. El mecanismo tienen que ser medidas rigurosas, incluso, regulando a los pocos de siempre, que ganan con el hambre y la necesidad.

Congelar productos básicos es una medida de contingencia, tan solo un apósito sobre la hemorragia histórica. La leche (de $70 a $100), los fideos, o la salsa de tomate. El pan que no puede superar los 150 pesos, igual que la harina o azúcar ($60), incluso la yerba ($400 el kg), indispensable para la mesa de los y las argentinas.

Son algunos productos esenciales, sin contar la carne, que le cuestan a un trabajador o trabajadora a diario alrededor de $500. A esto sumemosle 1 o 2 hijos o hijas y la cuenta resulta inalcanzable para la mayoría. Con salarios tan magros, sumado a la informalidad de millones y la inaccesibilidad a servicios públicos básicos, a pesar de la ayuda estatal en materia de asignaciones y subsidios; más de la mitad del Pueblo Argentino se encuentra en una situación crítica.

Esto debe ser revertido, desde abajo y de acuerdo con los y las de más abajo, más allá de las medidas gubernamentales y sus conceptos de capitalismo «eficiente». Con organización y lucha, más allá de los y las dirigentes, desde los y las que menos tienen, poniéndole un freno a los de arriba. Cueste lo que cueste, aunque el pueblo va apoyar las medidas de «precios cuidados» para caminar hacia un horizonte de «estómago lleno y corazón contento», es preciso que las grandes mayorías respondan con el planteamiento de pensar un sistema social completamente distinto y más justo.

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