Por Luis Cuello

Si te indigna la violencia de los puños alzados

 Y te aflige más el penoso fin de una comisaria

 que la vida de las personas, no hables más.

Si no te quema el cuerpo, hasta llenarse de llagas

que nieguen la dignidad a los otros, no hables más.

Si la opresión te parece natural

Y la obviedad es tu profesión

 por favor mantené tu boca cerrada.

La podredumbre habita en vos.

Sube desde tus vísceras,

no para hasta infectar el cerebro,

y al salir por la boca

con la apariencia de un argumento preciso,

confirmas lo que todos sabemos:

en realidad, estás muerto.

El bicho humano es un cadáver andante sin las ansías de igualdad y justicia

Vivir es defender la vida.

 Los que siembran la muerte y los cómplices de esa siembra

Piensan que la cosecha nunca va llegar.

Pasean sus botas impunes por la ciudad.

Mantienen la olla a presión

 Y cuando, por fin,

a borbotones desborda el agua

 te preguntas

 ¿es está la manera?

 Y afirmas

“los salvajes no saben dialogar”

¿Ni siquiera nos podemos enojar?

En las puertas de los barrios hay carteles:

Usted está en territorio libre americano

Prohibido el derecho a la ira a negros y latinos.

Hay más cosas prohibidas:

Educación

Salud

Vivienda

Futuro

Respirar

No hables más,

de la cloaca de tu boca salen los peores olores

Que esas ideas pudran tu lengua lacerada.

Que la culpa aumente tan rápido que no tengas un segundo de quietud

Que tu noble trabajo quede develado, desnudo ante todos y no puedas ya esconderte

Que nadie, ni por un instante, deje de observarte.

Que el café de las mañanas sea espeso como el barro.

Que la cerveza de las noches sea la sangre de los caídos por tus balazos

Que las luces te esquiven y ni las paredes quieran tu sombra

Que tu rodilla asesina se vuelva contra vos.

¿Te escandalizas?

¿qué defendés?

¿el patrimonio público?

¿las columnas y baldosas sufrientes?,

 ¿los lustrosos mármoles que tiemblan ante los aerosoles?

¿los bustos de bronce asustados por los gritos?

¿las duras rejas de la jaula?

Esa no es una opción

Hay dos lugares, sólo dos

con los opresores

o con los oprimidos

de norte a sur

de Floyd en Mineapolis a Espinoza en Tucumán

sos la rodilla que asfixia

o el que quiere respirar

Sos la reja que se cierra

O los brazos que se extienden

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *