Por Juan Cerdeiras

Personalmente estoy preocupado por la posible deriva autoritaria de las medidas necesarias que se están tomando. La ideología opera a través de los discursos, muchas veces con independencia de los contenidos. Es muy importante acatar la cuarentena pero también entender que es el Estado el que ejerce su función natural de reprimir el delito.Ante la perspectiva de una posible declaración de Estado de Sitio, que en estas circunstancias solo serviría para reprimir sin preguntar a aquellos que no les resulte posible «quedarse en casa» o «hacer home office» me gustaría decir algo respecto de otro aspecto de este fenómeno que si me parece más novedoso y aún más peligroso. Siendo muy buenos e ingenuos y dejando de lado la consideración de los «excesos» policiales que van a suceder seguramente en las barriadas ante esta situación de cuarentena obligatoria, hay que tener en cuenta la diferencia entre el hecho «objetivo» (una serie de medidas de cohersión legal impuestas en una situación excepcional) y el factor «subjetivo», o el mecanismo discursivo de legitimación.

Se trata, de prevenirnos de la exaltación del «policía interior», esa pasión por denunciar al otro, por considerarlo una amenaza y considerarnos autorizados a ejercer nuestra «capacidad de botoneo» por sobre nuestra capacidad de razonar. He visto ya múltiples vídeos de gente asumiendo muy alegremente este rol, y encima legitimada en realizar «una obra de caridad». CUIDADO, porque esto conlleva consecuencias impredecibles. En nombre de la «salud del conjunto» ya se han cometido atrocidades en la historia humana y no es bueno plegarse a esa conducta. Si fuera necesario llegar a tener que advertir a las autoridades de una persona que se comporta irresponsablemente, pues que así sea; pero de ahí a «gozarlo», a sentirse bien, importante, a exaltar esa conducta en los medios, ahí hay un salto que al menos yo no estoy dispuesto a dar.

Además esta actitud es grave porque conlleva un supuesto absolutamente falso, el de que es realmente posible lograr «abarcarlo todo», la «total seguridad», la «higiene total», el «cuidado total», la vida total, sin muerte, a salvo del acecho de la otredad, a salvo de lo Real del mundo de la vida. Esto es, y hay que decirlo, IMPOSIBLE, en cualquier mundo imaginable. Por eso es que existen las prohibiciones legítimas por parte del Estado, porque es POSIBLE que alguien circule por la calle, debemos PROHIBIR la circulación y sancionar las excepciones (que siempre existen, sino, no estaría prohibido). En cambio, cosa muy distinta es considerar que la excepción es IMPOSIBLE, y por lo tanto, ante la presencia de lo que consideramos imposible nuestra reacción es mucho mas desmedida y estúpida. Toda irrupción traumatica para la psiquis envuelta en sus coordenadas de «normalidad» desata fantasías ideológicas destinadas a poner una distancia segura con la amenaza. En cuanto mayor es el miedo y el pánico (por cierto muchas veces justificado) mas dramática es la respuesta, mas obstinada es la negación del problema.

La situación remite a la diferencia que Lacan trata muy bien cuando distingue la Ley (del Deseo) y la Prohibición superyoica que se empeña en prohibir lo que es ya de por si imposible y de tal manera empuja al goce excesivo (en este caso, autoritario). Cuando se dice «quedate en casa, pelotudo» no se esta pensando a la manera del Todo y la excepción, sino que se está pensando que la excepción es imposible, que todos somos unos pelotudos a priori y que si nos quedamos en casa es solo por el miedo al dedo acusador del ortiva de turno, no por ningún auténtico sentimiento solidario o conciencia colectiva, como quisiera suponerse. La opción tradicional de la Ley es mucho mas estable y requiere que el deseo (del cuidado mutuo) y el contenido de la ley (la prescripciones para lograrlo) coincidan. «Nadie debe», no es lo mismo que «nadie puede». Porque al que hace lo que no debe, se lo castiga; pero ¿como se castiga a alguien que hace lo que no puede? ¿se lo trata como si fuera «el virus» en si mismo, la encarnación de lo imposible?

Parece ser que el reparto de las responsabilidades funcionaria según la siguiente lógica: cuando la cagamos, es «la humanidad» (así de abstracta) la responsable, pero cuando se trata de solucionar el problema la culpa cae, no sobre «todos», sino sobre «cada uno» y esta diferencia es esencial. La situación es análoga a cuando se nos exige y se nos condena por todos los disturbios ecológicos del planeta, por no separar bien la basura, o por no consumir comida orgánica responsablemente. Sin dudas que eso ayuda, pero también es pura ideología conservadora, para que nada cambie realmente. Es confundir la responsabilidad del conjunto con la suma de las responsabilidades individuales. Algo similar sucede con la persona que se queja de que «el otro» no paga impuestos y perjudica al conjunto, cuando en realidad esta recontra caliente porque no percibe su beneficio personal de esos impuestos, que el también paga (aunque quisiera no hacerlo). Pues bien, esa suma de individualidades no hace al todo, siempre va a haber alguien que falle, pretender que eso no suceda no es realista. En cambio la responsabilidad de conjunto implica construir simbólicamente esa identidad común, y no un enemigo. Entonces, ¿estamos realmente velando por el conjunto cuando salimos por ahí a decir que tal o cual es un pelotudo o un hijo de puta? ¿o estamos preocupados porque nuestra pequeña burbuja de seguridad no colapse? ¿nadie se puso a revisar la cantidad de actos irresponsables que realizamos a diario? ¿nadie se pregunta como carajo llegamos hasta acá?

Todavía hoy estamos a tiempo de discernir la cuestión. Estas adentro de casa o estas afuera. Pero ¿como puede seguir esto? ¿cual será el costo subjetivo de esta pandemia? Hoy es estar adentro o afuera, pero cuando esto empeore ¿vamos a mirarle las manos a la gente en el colectivo? ¿tiene una manchita ahí? ¿habrá lavado la ropa antes de salir? ¿cumplirá todos los protocolos del jabón? alguien debería revisar si tiene alcohol encima!!!! Tenemos que tomar conciencia de que todas estas medidas dictadas por las autoridades médicas que nos gobiernan son absolutamente exageradas, irracionales y desesperadas y que por eso mismo debemos obedecerlas. Porque son mandatos excepcionales en una situación excepcional. Las medidas autoritarias (en cualquier tiempo que sea) son más un indicio de la impotencia del poder que de su eficacia. En cambio, el totalitarismo emerge cuando la excepción se vuelva la regla y no cuando la regla surge de la excepción.

Como dijo Kant muy sabiamente, «Piensa, pero obedece». Me refiero a que pensemos como hemos llegado hasta aquí. Porque andar botoneando al vecino puede ser una actitud muy «heróica» hoy, pero no es mas que una miserable satisfacción narcisista para evitar que podamos concentrarnos en los verdaderos problemas que nos afectan a todos, en los verdaderos responsables de esta situación trágica, que hoy aparecen como los buenos samaritanos. Me refiero a toda la casta responsable de un sistema de salud des financiado y a los responsables de vivir en un mundo donde el 1% tiene el 86% de la riqueza. Elijan a quien quieran, tal vez en muchos casos coincida con el pobre imbécil que se sube a un barco estando infectado, pero en muchos casos no.

¿Cuantos boludos que van a cuidar a su padres o cuantos boludos que viven al día van a caer en manos de estos «vecinos» con uniforme? La situación ya es lo bastante grave como para ademas sumarle esta practica extraña de «solidaridad y responsabilidad conjunta, o sino te mato» Definitivamente estamos en manos de una burocracia medica que dicta medidas medicas sobre modelos científicos abstractos, y lamentablemente es lo mejor que tenemos, frente a una casta política que no ha hecho otra cosa que cagarse en la gente durante décadas. Ahora bien, si no tenemos nada que hacer, porque no tenemos el control que nos otorga el saber medico, si tenemos en cambio el control sobre cual es el modo POLITICO en el que vamos a llevar adelante ese mandato epidemiológico.

¡No dejemos de pensar! La situación es demasiado grave como para darnos el lujo de entrar en pánico. Depende de nosotros si vamos a salir de esto como sociedad o como especie. Si la alternativa es la «barbarie con rostro humano» o la guerra de todos contra todos, no vamos a sacar mucho de esta situación cuando pase. Porque tarde o temprano va a pasar y vas a volver a ver a tu vecino y por ahí tengas que pedirle que te deje entrar a su casa porque perdiste la llave, por pelotudo. Porque esto va a pasar y va a dejar (empecemos a admitirlo) un tendal de muertos; y la gente va a seguir quejándose de que «los de afuera» ocupan los hospitales que debieran ser «para nosotros» cuando son «los de afuera» los que te cultivan los alimentos orgánicos de mierda que pagas 800 mangos para sentirte que salvas al mundo. Porque esto va a pasar y vas a seguir viajando en un trasporte publico espantoso donde te van a toser encima. Porque esto va a pasar y vas a ser vos el pelotudo que va a contestar el teléfono mientras pasa el semáforo en rojo. Porque otra pandemia va a venir, dentro de unos años y nos va a agarrar todavía discutiendo quien es el mas boludo o el mas «pillo» en este mundo de mierda.La curva la aplastamos entre todos, no aplastándonos entre nosotros. Decile a tu vecino: amigo, NO SALGAS A LA CALLE, no seas boludo, en vez de decirle al rati: mire oficial, ahí va EL Pelotudo.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *