Cuán lejos queda la Franja de Gaza de nuestra Latinoamérica. Lo cierto es que ese pequeño pedazo de tierra “santa” llamado Palestina y otrora dividido por la comunidad internacional congregada en la Organización de las Naciones Unidas, no cesa de ser objeto de asedios por parte de la derecha israelí que gobierna Israel enmarcada dentro del proceso resultante de la distribución imperialista liderado por occidente y sus fuerzas materiales.

A pesar de los riesgos de analizar y sentar alguna posición al respecto, debemos embarcarnos en un mínimo derrotero para fomentar el conocimiento de este tema -parteaguas moderno- que sigue dividiendo hacia afuera a los pueblos y más aún, hacia adentro de la mismísima sociedad israelí-palestina, de los pueblos judío, musulmán e incluso entre los católicos. Pero como decía, tras esto de seguro me lloverán críticas y ofusques, las cuáles encantado recibiré si esto es menester para abrir un sano debate.

En 2018, cuando aún el gobierno estaba hegemonizado por la derecha que representa Benjamín Netanyahu, el parlamento unicameral de Israel consiguió la ley de declarar al Estado como Estado Nacional de los Judíos, lo que terminó por ponerle el moño definitivo a la segmentación de la sociedad israelí que antaño gozaba de una salud y futuro prósperos en términos de integración y solidaridad inter religiosa e ideológica, a pesar de los vaivenes bélicos de su política exterior y las agresiones de y hacia sus vecinos.

Recordemos un poco el pasado vigesimonónico cuando todo aquél terruño era parte de la Commonwealth Británica y la administración de sus colonias. Es sabido que por aquella época de posguerra (1946-47) con un imperio en retirada y varios pueblos musulmanes enmarcados en diversos procesos de liberación, junto con la problemática en Europa de los millones de refugiados judíos victimas del peor genocidio de la historia de la humanidad, las naciones debían atender tal crisis humanitaria emanada del peor episodio de todos los tiempos. Es por ello que a partir de las agencias judías y con la ayuda de las potencias vencedoras de la segunda guerra mundial, en especial la tarea diplomática y militar de la Unión Soviética, y toda su estructura política en Europa del Este en la cual participaban miles de judíos y judías comunistas, el ejército patriota del nuevo Estado de Israel pudo sobrevivir y conquistar su independencia y fundar su país.

Sin adentrarnos en los motivos de la URSS en esta férrea decisión de ser el principal garante de este proceso de colonización de las tierras –por parte de los miles de colonos judíos- en las que habitaban los pueblos musulmanes palestinos sometidos por la corona británica y la intencionalidad del bloque socialista de lograr un enclave que sirviera para fomentar una revolución proletaria y campesina en la región, además de contribuir a agudizar las contradicciones inter imperialistas (Anglo-Yankees); es necesario para entender la realidad actual comentar que todo comenzó con unos escasos miles de combatientes a cargo de uno de los padres fundadores llamado Ben Gurión (quien años más tarde reconocería la fundamental ayuda del Ejército que venció al nazismo, conocido en todo el mundo como Ejército Rojo). Paralelamente a las resoluciones 181 y 194 (ONU) que establecían la partición de Palestina, el derecho de los Judíos y los árabes Palestinos a un Estado, el establecimiento de una zona bajo régimen internacional particular y el derecho de los refugiados Palestinos al retorno o a una compensación.

Con el afianzamiento de los colonos y su ejército patriota y posterior derrota sobre los últimos bastiones imperialistas de la corona británica así como de los países árabes vecinos, gracias a la ayuda militar comunista como manifestara Ehud Avriel (que convence a Checoslovaquia de entregar sus armas, no a las fuerzas árabes como habían comenzado a hacerlo, sino a las fuerzas judías de Palestina; la entrega clandestina antes y después de la independencia de Israel, estableciendo un puente aéreo oficial). Que luego David Ben Gurión confesaría: “Las armas checas han salvado al país (…) Constituyeron la ayuda más importante que hayamos obtenido. Dudo mucho que sin ellas hubiéramos podido sobrevivir los primeros meses”; sobrevendrían las primeras elecciones (1949). A pesar de todo aquello, el naciente Estado de Israel terminó por dar la espalda a la decena de miles de judíos y judías comunistas brigadistas e inmigrantes, cuando el Partido Comunista Israelí obtiene un escaso 3,5% y el partido sionista de izquierdas Mapam el 15%. Y así, para la década del 50 sepultar por completo las relaciones cooperativas con la Unión Soviética, sin que esto impida una organización socialista en muchos aspectos de la vida económica y social dentro de Israel (véase como uno de los ejemplos el caso de los kibutz).

Luego sucederían los sesentas, la guerra de los seis días y una suerte de múltiples escaramuzas contra la mayoría de los países árabes, pero ya con una injerencia marcada de EEUU en el armado de la política exterior e interior, a partir del creciente control de la vida política por parte de los sectores que abiertamente se declaraban afines a una Israel occidental amante del “american life style” y el libre mercado. Es entonces cuando los intereses norteamericanos en la región cobran marcado relieve, por ser uno de los mercados más atractivos –no sólo de su potencial cultural y todo lo que ello conlleva- sino de su principal complejo industrial, la manufactura de armamento bélico. Sin contar la capacidad para desplegar su poderío (desde Israel) alrededor de todo el Oriente petrolero –y ser foco de contención de la progresiva influencia de China Popular, la URSS, el control de Suez en Egipto- sumándose de esta manera al enclave militar que la OTAN ya tenía en Turquía.

Tan basta es la nómina de los conflictos en medio oriente como lo fueron los procesos populares de liberación que terminaron chocando con esta injerencia y/o siendo manipulados por las políticas injerencistas en una región profundamente marcada por dicha exogeneidad histórica. Actividades socio políticas con una receta de ingredientes como la cuestión religiosa bien utilizada por el factor geopolítico desde que el imperialismo existe como tal, además del ingrediente “autodeterminación” de la multiplicidad de todos esos pueblos y sobre todo, el calor que pone en ebullición todo aquello, la lucha de clases materializada en estos países dependientes exfoliados históricamente a través de la extracción de sus recursos naturales, donde la explotación de la mano de obra por el gran capital cobra sus propias características; y que viene acarreando desde hace décadas políticas sociales cada vez más apartheistas y discriminatorias.

La idea de un Estado Nacional Judío que segrega ciudadanos a ciertas categorías no es algo nuevo dentro del planteo político de las derechas e históricamente de los gobiernos fascistas a nivel mundial y legaliza la situación que se viene dando en la región cisjordana y particularmente en Gaza. Desde donde miles de musulmanes que no cuentan con la ciudadanía israelí llegan a Israel a trabajar y generar riquezas, en la construcción y otros tantos rubros, con los beneficios consabidos para los empleadores. Pero también en detrimento además de los ciudadanos y ciudadanas israelíes que no son judíos, los y las cuales representan alrededor del 25 al 30 por ciento de la población. A esto por supuesto se le suma la situación a la que es sometida la población palestina de Gaza y Cisjordania que reside dentro de los límites impuestos por Israel en desconocimiento completo de las resoluciones de Naciones Unidas en clara flagrancia del derecho internacional. Y el desplazamiento aún sin retorno de cientos de miles de palestinas y palestinos en la zona; incluso dentro de países árabes en los que también son víctimas de la xenofobia y violación de sus derechos humanos.

Lo que nos lleva al punto de inicio de la última escalada de violencia entre las FFAA israelíes y Hamas. Abro paréntesis. Esta última, la organización político militar que gobierna la Franja de Gaza surgida luego de la intifada de 1987 y rodeada de un manto de conjeturas respecto a múltiples cuestiones; tras alianzas con Fatah, encarna el costado visible de las acciones defensivas del pueblo palestino en Gaza. Y aquí tenemos gran parte del meollo junto con el de la política interna de Israel. Hoy, en medio de fuertes cruces y en clara confrontación con la Autoridad Nacional Palestina (desde su capital en Cisjordania) que se niega a reconocer cualquier tipo de elecciones en Gaza hasta que en Jerusalén Este donde viven miles de palestinos se pueda votar, ejerce la representación política de la Franja convertida como decía, en un enorme ghetto de entre 6 y 12 kilómetros de ancho, al cual Israel provee, según las circunstancias, de electricidad, agua y demás servicios esenciales.

Cabe destacar, las elecciones que estaban pautadas para este mes de mayo fueron canceladas por el presidente palestino Abás desde Ramallah a lo que Hamas denunció un golpe dentro del Estado, del cual también forma parte al igual que Fatah (Partido Socialista y Nacionalista Palestino) en el seno del parlamento palestino ejerciendo control de facto de gran parte del territorio cisjordano. Las conjeturas que mencionaba más arriba apuntan al nacimiento de Hamas y también a su reciente silencio respecto al baño de sangre realizado por EEUU en Siria, siendo que Siria fue el principal defensor de la causa palestina. O la cierta ligazón con Hermanos Musulmanes en sus inicios luego de la Intifada, organización esta última supuestamente vinculada con la desestabilización de los nacionalismos árabes anti norteamericanos desde el Egipto de Nasser en adelante, además de otras “suposiciones” como los vínculos de HM con la inteligencia israelí y la CIA.

Del mismo modo, es menester pensar en la imposibilidad del Knéset israelí (parlamento) y su primer ministro Netanyahu (Likud – derecha israelí) de formar gobierno desde hace dos años, lo que muestra a las claras la debilidad y crisis política que esconden los sucesos de mayo en la región. Sin mencionar, las investigaciones y causas por corrupción que pesan sobre el líder de la derecha sionista. Por lo cual podemos concluir en primer término, el claro mensaje del gobierno de la derecha israelí hacia su propio pueblo que da la escalada de violencia que empezó con desalojos en barrios musulmanes de Jerusalén, a los que Hamas respondió con el lanzamiento de cohetería de artillería sobre poblaciones civiles israelíes, la cual en casi su totalidad fue neutralizada sin problemas por el sistema defensivo israelí-norteamericano de misiles antimisiles “cúpula de hierro”. Y que terminó con un bombardeo estratégico mixto de las fuerzas aeroespaciales de Israel y sus misiles crucero tierra-tierra y aire-tierra, lo que destruyó numerosos edificios civiles como plantas periodísticas multimediáticas, bibliotecas, centros de salud y edificios residenciales donde se encontraban miembros de Hamas según fuentes israelíes. Dejando un saldo de al menos 213 palestinos y palestinas civiles sin vida, 61 niños y niñas y más de 1.440 heridos y heridas, en tanto en Israel murieron 10 personas y un poco más de 200 fueron heridas a causa de los cohetes de Hamas.

Conviene no abstraerse de otras realidades que se vienen dando en Israel como el tibio pero progresivo regreso de la izquierda dentro del seno político de aquél país y que se puso de manifiesto no hace tanto con el logro de la restitución de numerosas tierras a ciudadanos israelíes palestinos dentro y también a palestinos en los alrededores de la frontera, hecho por el cual venían luchando organizaciones judías e israelíes palestinas, algunas de ellas profundamente en desacuerdo con el gobierno sionista de derecha e incluso con el Estado de Israel y su forma actual y política exterior en connivencia con su principal socio geopolítico EEUU. Pero además, hay que agregar que estos hechos no hacen más que demostrar en gran parte la reacción de la derecha que controla las FFAA respecto del sentir mayoritario del pueblo israelí que es de la búsqueda del cese de las hostilidades al pueblo palestino y el reconocimiento de su pleno derecho a su autodeterminación, a su territorio y la recomposición histórica a través de la paz y la coexistencia pacífica en base a la tolerancia y respeto, en pos de la definitiva integración social.

En segundo lugar, con lo ocurrido a fines de 2017 cuando Donald Trump expone burdamente la política injerencista sobre la región reconociendo a Jerusalén como capital de Israel, una decisión unilateral y colonialista del gobierno sionista que viola absolutamente todas las resoluciones de la ONU por tratarse de una ciudad compartida por las principales tres religiones monoteístas y poblada además por cristianos, judíos y musulmanes. Además de revelar una vez más con este tipo de provocaciones públicas a quién beneficia más la agudización de los conflictos en Oriente Medio, sobre todo los conflictos interreligiosos y la “agitación de las aguas” como versa el dicho latino “divide y reinarás” y en Nuestramérica “a río revuelto ganancia de pescadores”.

Si me siguieron hasta acá confío en que, o bien por compartir esta perspectiva o por el displacer que despiertan estas líneas, hay cierto interés en seguir con este artículo, pero déjenme decirles un par de cosas más para terminar. Bajo ningún punto de vista la resistencia y lucha del Pueblo Palestino tanto en Gaza, Cisjordania, Líbano o cualquier parte del mundo por su liberación y su derecho a la autodeterminación e independencia tienen como reflejo exclusivo únicamente a las acciones de Hamas ni se reducen a los motes despectivos y criminalizantes de la prensa hegemónica israelí e imperialista que los define como terroristas. Ni mucho menos se puede reducir al pueblo judío y al pueblo judío israelí tan solo al grupo sionista y de derecha que hoy gobierna el Estado de Israel, un pueblo que padeció en carne propia el peor de los ataques a la humanidad (el holocausto), toda la barbarie nazi y la persecución e intolerancia durante muchos años de parte de las hordas imperialistas a lo largo de la historia. No van a pasar muchos años para que ambos pueblos “acomoden los melones”, unos enterrando en el peor lugar de la historia a su gobierno fascista y terrorista que comete muchos de los crímenes los cuales deberían haber sido lecciones para las generaciones humanas futuras; y los otros recuperando toda la dignidad que les arrebataron desde hace tanto, que es tan difícil recordar.

Cuán lejos queda Gaza en realidad, pero si lo pensamos un poco más habremos de reconocer por estas pampas tantas realidades que si no las sufrimos ya –ríos de sangre entre hermanos y venas abiertas, injerencia extranjera- podemos descubrir un ADN social común en el sufrimiento de los que nada tenemos, sin importar el suelo que estemos pisando.

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