Poema de Miguel Ángel Bustos, secuestrado y asesinado por la dictadura cívico-militar-eclesiástica en 1976.

1
Puede la nieve cubrir la tierra por un siglo
trazar el frío un jardín de flores azules en el hielo
mientras el desierto soporta la hambrienta luz del cielo
blanco.
Puede el sur ser más bello que el norte de fuego
pero para mí siempre será Trelew la región de la muerte
de mis hermanos.
No olvido la sombra de los rendidos en el aeropuerto
(las armas en el suelo
sonrientes como acabadas de nacer
con el coraje intacto
entregadas a un enemigo infame)
y aquella imagen de muerte del capitán de la Marina
surgida de las cenizas de batallas imaginarias
prometiendo garantías en nombre de un sistema inmoral.
(Otras escenas iguales en vileza
forman la historia oficial de mi patria.
Bravos capitanes sucios como éstos
asaltan la imaginación de nuestros hijos
para gobernar en sus almas
un vasto país corrupto).

2
Hermanos queridos
compañeros presentes para siempre
asesinados en un cuartel de tinieblas en el sur
cuando aquí en Buenos Aires
la incipiente primavera
abría el sol verde del sueño.
Hermanos míos
muertos para que nosotros alcancemos la vida
oculta en días no nacidos corazones abiertos hacia el mar.


Miguel Ángel Bustos escribió este poema en 1973, cuando se cumplía un año de la Masacre de Trelew. El horror y el terror descriptos aquí dan cuenta de la metodología con que el Estado terrorista (que no comenzó su accionar en 1976 sino mucho antes) buscó oponerse desde siempre a las luchas de liberación de nuestro pueblo. Así es cómo el sol de “la incipiente primavera” verá abortar los sueños de 16 jóvenes que buscaban modificar el destino de este “vasto país corrupto”. Las imágenes sobrecogedoras eligen las palabras para contrarrestar la vileza de los verdugos con el compromiso de alcanzar la hermandad de nuestros corazones.

Miguel Ángel nació hace 91 años, el 31 de agosto de 1932. Poeta, periodista, artista plástico, antropólogo, docente en la Facultad de filosofía y Letras, militaba en el Frente Cultural del PRT, al igual que Haroldo Conti y Raymundo Gleyzer. Aunque tal vez la mejor manera de referirse a él sea considerarlo un cronista de su tiempo…

Entre sus libros se destacan Corazón de piel afuera, Fragmentos fantásticos, Visión de los hijos del mal, El Himalaya o la moral de los pájaros. Como periodista colaboró en Panorama, Siete Días, La Opinión, El Cronista Comercial y en la revista Nuevo Hombre.

Fue secuestrado el 30 de mayo de 1976 y asesinado el 20 de junio en el episodio conocido como la Masacre de Sarandí. Sus restos fueron recuperados en 2014.

El viernes 27 de agosto, su hijo Emiliano Bustos declaró en la audiencia del juicio Vesubio 3. Allí relató la noche del secuestro, que él presenció cuando apenas tenía 4 años, y las dolorosas consecuencias que marcaron su vida y la de su madre.

En esa misma audiencia declararon Mariano y Raquel Camps, hijxs de Alberto Camps (uno de lxs tres sobrevivientes de la Masacre de Trelew) y de Rosa María Pargas. El 16 de agosto de 1977, en un operativo de las Fuerzas Conjuntas, Alberto fue asesinado y Rosa María secuestrada y desaparecida en el centro clandestino El Vesubio.

Vesubio 3 y todos los juicios de lesa humanidad son la herramienta legal para juzgar a los genocidas y sus cómplices civiles y conocer cuál fue el destino de todxs los desaparecidxs y asesinadxs.

La “Sangre de agosto” sigue exigiendo justicia por sus víctimas. Las de Trelew, las del Vesubio y la de todxs lxs que lucharon animadxs por el sueño de que un país mejor era y sigue siendo posible.

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