Por Micaela L. Frutos , docente de Tierra Del Fuego

Teletrabajo educativo, derechos laborales y derecho a la desconexión digital

Muchas de las personas que trabajamos en la educación pública y que estamos desde el inicio de la pandemia cumpliendo la cuarentena obligatoria por esta causa mundial de salud, nos vemos afectadas no solamente por el trabajo desde casa que implica lo escolar, educativo y docente, sino que también llevamos a cabo nuestras actividades extra escolares y laborales, ad honorem, voluntarias, de crianza, de militancia, como queramos llamarlas. Muchas de éstas vienen del dar, del solidarizarse, de estar a disposición, a escucha para atender demandas y necesidades de colegas, de estudiantes, de sus familias. A esto se le suma: el atender a nuestras familias; el compartir los espacios de la casa generalmente reducidos; las herramientas informáticas, y en muchos casos no contar con éstas. Trabajar en este momento ha producido un problema gravísimo en el límite de las jornadas laborales que generalmente son de ocho, nueve horas o más. Se ha incrementado y desdibujado el límite de las ocho horas, dejando una problemática y una nueva realidad insalubre que no permite lograr la desconexión digital después de la jornada laboral.

Estos últimos meses, de teletrabajo, transcurrieron muy lentamente, sin siquiera poderse percibir algo tan natural como es el paso del tiempo. El encierro, la angustia, el miedo al contagio, la incertidumbre de un futuro inmediato, las complicaciones en la economía doméstica, la desesperación por tener trabajo, por cobrar un sueldo, fueron unas de las tantas causas de lentificar ese paso del tiempo. Es un momento donde sí se quiere estar en casa, pero se necesita que lleguen los primeros días del mes para cobrar el salario. El tiempo no pasa, así como tampoco ya pasan las tarjetas de crédito para artículos de primera necesidad. Nos sentimos privilegiados por tener un techo, aunque más no sea alquilado, por tener un trabajo, aunque sea precario, por estar vivas y vivos.

Algunos de los estados provinciales de nuestro país, como es el caso de los gobernantes de nuestra provincia fueguina, utilizaron medidas económicas de ajuste a la clase trabajadora para solventar los gastos de la pandemia mundial, y de una parálisis fabril y productiva. En el caso de nuestra provincia, se arremetió contra el sueldo de quienes trabajamos en educación, con el pretexto de solicitar solidaridad al sector, sin tener en cuenta la importante tarea de prevención del contagio, de fortalecimiento de los hábitos de higiene, de contención social, de continuidad pedagógica, que implica la escuela en y fuera de ella.

Les contestamos que sabemos muy bien lo que es la solidaridad, que la ejercemos, la militamos y la transmitimos, y que nuestros sueldos no alcanzan porque se encuentran por debajo de la canasta básica. El estado sigue sin dar una respuesta concreta a la precarización laboral que se sostiene e intensifica en esta cuarentena.

Las promesas e ilusiones de poder recuperar calidad de vida después del festejado fracaso de Bertone (ex gobernadora 2015 – 2019) y Macri, generaron un nivel de ansiedad en nuestro sector, muy intenso. Las ilusiones eran poder pagar las deudas adquiridas para sobrevivir, poder pagar el alquiler, poder comer, poder comprar un yogurt con cereal a nuestras familias.

Para el mes de Marzo de este año tuvimos una propuesta salarial negociada desde diciembre, con el gobierno entrante. A pesar de ser insuficiente, fue aceptada porque implicaba la recuperación de la legalidad de nuestro salario (art. 14 de la constitución nacional que dice que a igual tarea, el trabajador debe percibir igual remuneración[1]), y como punto de partida, sólo el monto de un salario legal ya representaba un incremento para la gran mayoría y la recuperación de un derecho constitucional.

El diálogo – las paritarias- entre el sector representado por nuestro sindicato (SUTEF) y el empleador (el Estado Provincial) es  fundamental no solamente para la mejora en condiciones laborales, sino también que lo es para garantizar el derecho al acceso a una educación de calidad y a una mejora en la calidad de vida de la población estudiantil, dentro y fuera de las instituciones escolares.

Desde hacía muchos años, el sector no daba inicio a las clases  por la desidia de otros gobiernos en atender el diálogo y las demandas de quienes desempeñamos la valiosa tarea de educar. Este año la docencia decidió comenzar las clases sin paro por haber conseguido en principio, recuperar algo, aceptando que en abril se cobrara un pequeño aumento más el incremento que implicó la legalización del salario en marzo, para renegociar en mayo. La consigna era clara: aumento al básico; frenar las sumas fijas en negro; recuperar la legalidad; recuperar derechos. Finalmente, al día de hoy lo único que se llegó a concretar fue el cobro de un salario legalizado más sumas fijas en blanco a cuenta de “futuros aumentos”, y la esperanza de que en agosto…

Gran parte de nuestro sector se encuentra con un grado de enojo importante debido a la situación descripta, a lo que se le suma que muchos cursos quedaron sin docentes, es decir, estudiantes sin docente y docentes sin trabajo.

También estos últimos días, desde el Ministerio de Educación de la Nación, se han ofrecido préstamos que serían otorgados y gestionados desde el Banco Nación para que docentes que estén percibiendo el cobro de F.O.N.I.D. (Fondo Nacional de Incentivo Docente) puedan acceder a los mismos y adquirir equipamiento informático necesario para desarrollar las actividades educativas en el marco de la cuarentena obligatoria. En primer lugar, la mayoría del sector no hemos podido acceder a los mismos, por estar en ingresos por debajo o por encima de los montos estipulados como condición para acceder.  Y en segundo lugar, en ningún otro trabajo el empleado absorbe los gastos de las maquinarias y herramientas con las que produce. Es una situación que amerita una profunda reflexión sobre el trabajo que realizamos para educar: quiénes somos, para qué estamos, cuál es nuestro rol social. Porque queda bastante claro que patrones o dueños de empresas no somos. Pertenecemos a la clase trabajadora, más allá de desempeñar nuestras tareas en ámbitos privados o públicos. Es por esto que no podemos hacer caso omiso a este problema.

Es el estado nacional, y/ o los estados provinciales, quienes deberían garantizar las herramientas, equipamientos y conectividad que se requieren para educar en este contexto en el marco de la nueva Ley de regulación del Teletrabajo, donde se expresa que la provisión de equipamientos y herramientas debe correr por parte de las empresas, y no al contrario como está ocurriendo con nuestro sector. También expresa que en el caso consensuado en que el trabajador utilice su propio equipamiento, la empresa/empleador debe compensar la totalidad de los gastos y/o amortizaciones que genere su uso. Entonces no se entiende porqué nuestro sector está siendo obligado a  endeudarse con estos préstamos para llevar a cabo una tarea que es obligación del estado garantizarla (el derecho a la educación) y proveer los recursos para ello. Tampoco se entiende porqué esta ley entrará en vigencia 90 días después de terminado el Aislamiento Social Preventivo y Obligatorio, cuando es ahora cuando más la necesitamos.

Cuarentena y teletrabajo: [2]

          Retomando el tema derechos, es importante saber y defender que las personas estamos en cuarentena, los derechos no.

          Hasta antes de marzo de este año, cuando todavía no estaba ni en nuestra imaginación la cuarentena,  defendíamos la desconexión digital fuera de la jornada de trabajo. Rogábamos y discutíamos el respeto al derecho a la desconexión digital, es decir, el derecho a garantizar los descansos, las vacaciones y la intimidad personal. A no recibir ni tener que  contestar mensajes, mails, etc. fuera de la jornada laboral. Pero como el trabajo docente implica ya un trabajo fuera de la jornada, como la preparación de planificaciones, proyecciones, informes, material didáctico y demás herramientas con las que desarrollamos a diario la tarea de educar, estamos mal acostumbrados al trabajo no pago, no reconocido,  invisible e invisibilizado. Hemos naturalizado trabajar mientras almorzamos el domingo, o levantarnos temprano para planificar, es decir, no tener descanso. Lo aceptamos pese al cansancio. Nos sentimos con el compromiso de la tarea que desempeñamos sin importar si alguien reconoce ese trabajo,  ni siquiera en las remuneraciones.

Las nuevas tecnologías ya se han instalado en nuestras vidas y esto ha implicado el desdibujamiento de los momentos de descanso por lo que recibimos correos, llamadas y mensajes a cualquier hora, cualquier día de la semana, sea laboral o no. Muchas veces abrimos la información laboral que nos llega por las distintas fuentes a cualquier hora, con la intención de “acordarnos” que luego debemos responderlo u atenderlo, pero finalmente elegimos contestarlo por miedo a olvidarnos de hacerlo más tarde entre tantos mails y mensajes que llegan a nuestras bandejas de entrada. Así es como le vamos quitando tiempo a nuestro esparcimiento, a nuestro descanso y aumentamos las horas de trabajo sin que ese tiempo sea remunerado, es decir, hacemos horas extras no pagas casi voluntariamente. 

El derecho al descanso debe conllevar consigo mismo el derecho a la desconexión digital, regulando estas circunstancias pero más aún en este momento en que todo nuestro trabajo pasa por la conexión digital. Es una discusión que se viene dando hace unos años no solo en Argentina sino que en otras partes del mundo ya se venía discutiendo, pero que ahora justamente se profundiza a causa de la pandemia y la consigna “quedate en casa”. Todas las empresas y rubros, que pudieron trasladar sus actividades presenciales al teletrabajo, lo han hecho para dar continuidad a sus tareas productivas durante la cuarentena. La frase es: el teletrabajo llegó para instalarse. Lo cierto es que ya existía de antes.

El aumento de la fatiga informática, del estrés y del agotamiento visual y mental, se debe justamente a la dificultad de fijar límites en los tiempos de trabajo. Limites que contengan la no flexibilización en detrimento de los derechos de la clase trabajadora, que apunten a preservar la intimidad personal de las personas,  así como también a volver a fijar el límite de las ocho horas diarias, el descanso y el esparcimiento en el marco del teletrabajo en cuarentena.

Ver de qué manera volvemos a fijar esos límites, aplicando la regulación de estos derechos que apunten siempre a garantizar lo vigente y conquistar nuevos derechos que no sean la sumisión a la autoexploración voluntaria u obligatoria. A hacer visible lo imperceptible, lo perverso de un sistema capitalista cada vez más explotador.


[1] CONSTITUCIÓN DE LA NACION ARGENTINA. Art. 14 bis.

[2] https://www.youtube.com/watch?v=p65AGbp2JtI

4 comentarios en «Teletrabajo y cuarentena»
  1. Excelente nota, debe ser la consigna que se regule el teletrabajo para que no avancen sobre nuestros derechos y nuestras vidas como lo vienen haciendo.

  2. Es verídico ademas de verosímil. Podriamos sugerir via sindicato y confed nacional un fondo para la provision de computadoras con mecanusmos directos via subsidio

Responder a Jorge ghersa Cancelar la respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *