Fragmento publicado el 25 de marzo en página 12

“Todavía no hay un reclamo definido, pero es obvio que la prioridad la tiene la falta de control médico, la ausencia de medicamentos, la escasez de agua, la comida inadecuada y todo lo que tiene que ver con el hacinamiento. Por lo pronto, el ministro de Justicia bonaerense, Julio Alak, dispuso que los familiares puedan llevar víveres y ropas para sus parientes presos. No pueden entrar a la visita, pero sí dejar lo que le quieren hacer llegar al interno. Sin embargo, la demanda de fondo es que se permitan excarcelaciones y prisiones domiciliarias. En Estados Unidos, España, Irán y otros países se están adoptando medidas de esa naturaleza porque no solo está en riesgo el contagio de toda la población carcelaria, sino también el de los efectivos de los servicios penitenciarios”.

Ante lo publicado por p.12 y distintos medios respecto de la situación de emergencia que se está viviendo en distintas cárceles del país, queremos agregar la información recibida con fecha 23 de marzo por integrantes del equipo docente de la Unidad Académica de UNSAM que funciona en el penal provincial de José León Suárez.

El riesgo de contagio de Corona virus es altísimo porque los agentes del SPB no cumplen con la cuarentena, ya que entran y salen de los penales como en épocas normales. Además, el uso de guantes y barbijo no parece estar reglamentado ya que en algunas unidades los utilizan y en otras no. Dicho esto, la situación está así:

U 1 Olmos, debieron habilitarse celulares. La comida es básicamente carne; las verduras, frutas y otros alimentos deben ser aportados por los familiares. El SPB utiliza guantes y barbijos, pero los detenidos no tienen estos implementos y solamente contaban con 1 litro de lavandina para realizar la limpieza.

U 2 Sierra Chica, continúa el trabajo preventivo sobre el Corona virus.

U 4 Bahía Blanca, la escuela fue convertida en hospital de emergencias. No se están entregando elementos de higiene a los detenidos.

U 5 Colonia Penal de General Roca, internaron en el hospital a dos detenidos con síntomas de corona virus.

U 11 Baradero, la comida consiste básicamente en carne (ni fideos, ni arroz ni verdura). Para la higiene contaban con un bidón de 1 litro de cloro y 4 jabones blancos por pabellón  en donde están alojadas 40 personas.

U 14 Alvear, 1 bidón de cloro por pabellón.

U 21 Campana, hay 10 detenidos aislados por posible contagio.

U 24 Varela, repartieron el jueves 19 1 jabón blanco por cada 10 personas.

U 27 Sierra Chica, los detenidos pidieron que el SPB use barbijo y guantes y lo lograron. Pero solamente para quienes tienen contacto directo con detenidos, ya que por el resto del penal circulan sin resguardo. El viernes 20 entregaron 4 jabones por pabellón y 1 bidón de cloro.

U 30 General Alvear, entregaron 1 litro de cloro por pabellón de 80 personas y 8 jabones blancos por única vez. El SPB no usa guantes ni barbijos.

U 39 Ituzaingó, el SPB dispone de cloro. En “régimen abierto” los elementos de higiene son aportados por los familiares. El SPB pasa lista sin guantes ni barbijo. Cada tres días ingresa al penal un penitenciario que no cuenta con protección alguna.

U 43 González Catán, se informan por medio de la televisión. No les entregaron elementos de limpieza.

U 47 José León Suárez, el SPB utiliza guantes y barbijo y también alcohol en gel; los detenidos no cuentan con estos elementos.

U 48 José León Suárez, el SPB utiliza guantes y barbijo; no funciona el servicio de sanidad.

A raíz de semejante situación de desidia y abandono, es que se desenvolvieron numerosos “motines” y revueltas a lo largo y ancho del territorio argentino. Contando ya con numerosos decesos entre la población carcelaria, tanto por las situaciones de violencia como por las resuelta represión de las fuerzas penitenciarias y de seguridad.

Nos llama la atención la inacción de las autoridades, en estos casos puntuales, provinciales. El silencio oficial ante la solicitada desesperada por parte de los presos y sus familiares. Por ello nos preguntamos en primer lugar: ¿No se trata esta de una población de altísimo riesgo? ¿Sigue siendo o fue alguna vez eficaz el sistema punitivo penitenciario como modelo de “reeducación” social y “corregimiento de conductas delictivas? ¿Son los familiares quienes deben dar respuesta, tanto al bienestar como a las necesidades básicas de los presos?

Lo cierto es que ya desde mitad del siglo pasado ya se vienen poniendo en cuestión las soluciones carcelarias ante la incorrección social y los actos destructivos. Más aún, se analizan estos métodos de los Estados como funcionales al sistema capitalista, en tanto mano de obra apta para tareas de TODA índole y como población destinada a la mera experimentación social.

En torno al análisis del Poder (biopoder o poder disciplinario), Michel Foucault hablaba de la sociedad disciplinar y sus elementos o dispositivos de sostenimiento. Señalando que a partir del siglo XVIII surgen los dispositivos edilicios, escuelas, cárceles (como las conocemos hoy), hospitales, con el fin de realizar la “vigilancia”, acción médica y control pedagógico necesarios para la corrección de todo tipo de conducta desfasada del orden social instaurado. El caso puntual de la “prisión”, que implicó un adelanto o modernización nunca antes visto respecto a las formas de castigo de la antigüedad.

Resulta claro que, en la época de la LIBERTAD y las libertades individuales, la incandescente clase que se asomaba al dominio total de las relaciones sociales, necesitó ejercer, según Foucault el control de ese “bien” tan preciado, de modo que su “privación” resultase indudablemente ejemplificadora.

Pero dicho autor va más allá y redobla la apuesta estableciendo una conexión aún más praxiológica, entre este observatorio de la conducta y el joven Capitalismo; al entender la fuerza de este mecanismo disciplinador (aunque preexistente a los códigos penales) como la capacidad de inscripción sobre los cuerpos de una “nueva economía política”. Es decir, la marca a hierro y fuego de la lógica que normativiza estas relaciones burguesas de propiedad e individualismo, las cuales deben ser inscriptas forzosamente en quienes no las han asimilado con los otros dispositivos de control.

Es sabido que, dentro de dichas instituciones hoy día, las relaciones que priman y se replican son en gran parte las que dominan nuestra sociedad, claro que con algunos matices exacerbados, característico de un entorno de encierro. Pero bien vale resaltar la resistencia ante esa violencia organizada que busca corregir los comportamientos que no “respetan” las lógicas normadas y definidas como “bien común” y que constituye la otra cara de este fenómeno. Tanto los procesos o anticuerpos de solidaridad y comunización rejas adentro, o la organización de nuevas formas y prácticas de resignificación respecto a lo micro social particular, como los proyectos educativos comunitarios y demás experiencias. Hasta llegar por supuesto, a los “carcelazos” conocidos por la jerga policial y mediática como motines.

De modo que todo ello refleja otro de los tantos territorios políticos en disputa, y sin duda alguna, un sistema penal penitenciario que hace agua por todos los frentes. Constituyendo también el reflejo de un sistema global de reglas y relaciones que se encuentra en las mismas condiciones y que, aunque en su ocaso, todavía sigue en pie. Sosteniéndose únicamente, por la inacción organizada de los pueblos, esa misma conducta insurrecta que a lo largo del tiempo se ha buscado contener dentro de las unidades penales.  

Por editeur

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *