Tenemos la necesidad de recuperar el término «vieja» como parte de nuestra identidad para hacer de esa apropiación una resignificación positiva, y visibilizarnos como nuevas sujetas políticas, configurando un nuevo esquema de valoración, de necesidades, de deseos, que contemplen este segmento social que poco y nada tiene que ver con esa mirada negativa que la sociedad pone sobre las Vejeces. Entrevista a la colectiva La Revolución de las Viejas Mar del Plata.

  Cuéntennos un poco de ustedes.

Me llamo Marcela G, tengo 53 años. Trabajo como psicóloga en el área Clínica y lo disfruto mucho. Me entrené y soy buena resolviendo conflictos, conteniendo y acompañando amorosamente. Descanso bailando, decorando lo que se me cruce, tocando las plantas y mirando el mar. Milité políticamente desde que empecé a conocer a Néstor y Cristina Kirchner; con ellos entendí la capacidad transformadora de la acción política y sobretodo la fuerza de la construcción colectiva para el logro de grandes metas.

Mi nombre es Beatriz B, y me llaman de diferentes maneras según la etapa de la vida en que nos hemos vinculado: Bettina, Betty, y actualmente Bea. No es un detalle…

Mi profesión es Lic. en Ciencias de la Educación, recientemente docente jubilada de la UNMdP. Ingresé a mi vida profesional con la reinstauración de la democracia, en el año 1984. Tuve la oportunidad de participar en proyectos nuevos para la época, por ejemplo, el de Educación a Distancia, desde una universidad pública que daba sus primeros pasos en salir a buscar a los excluidos del sistema. Paralelamente nacieron mis cuatro hijos. Actualmente, y con otros tiempos disponibles, participo en el armado de una asociación profesional y en La revolución de las Viejas.

 ¿Qué es La Revolución de las Viejas Mar del Plata? ¿Cómo nació?

La Revolución de las Viejas Mar del Plata es un grupo componente de la Red Nacional –aunque hay indicios de posibles armados internacionales– de Diversidad Federal de la Revolución de las Viejas, Marea Plateada. Se creó en enero de 2020, a partir de la convocatoria que realiza la Diputada Nacional Gabriela Cerruti en sus redes sociales con un video en el cual interpela a toda mujer cercana a la edad en que esta sociedad “nos llama viejas”, para invitarnos a rebelarnos contra la idea de vivir esta etapa con miedos, incomodidades, sintiéndonos pasivas, resignadas a un destino apático y de descarte de la escena social y política. Entonces, con clara perspectiva de género y siguiendo los senderos de las luchas feministas previas, decidimos unirnos para “encarar” nuestra propia Revolución, ubicándonos como protagonistas en la transformación no solo de las vejeces, sino también de nuestras vidas. Este grupo zonal que se fue conformando a partir de un facebook en primera instancia y que luego tuvo sus primeras reuniones presenciales, mediante elección de logo representativo y bandera, se consolidó en las calles con nuestra primera Marcha del 8 de marzo previo al periodo de cuarentena, consecuencia de la pandemia de Covid 19.

 ¿Cómo viven personalmente su edad y qué cosas cambiaron en su vida desde que se integraron al colectivo LRdLV? ¿Qué fichas les cayeron? ¿Cambiaron sus vínculos, proyectos, experiencias personales?

Ahora, personalmente, vivo mi edad con más alegría y llena de proyectos. Integrar este colectivo fue lo más importante que me ha ocurrido el pasado año. Vencimos los miedos e incertidumbres de enfrentar una pandemia. Aprendimos a organizarnos horizontalmente y fuimos adoptando una identidad propia. Iniciamos una militancia virtual como no hubiera imaginado nunca antes, nos capacitamos con las temáticas relacionadas con las luchas feministas desde sus inicios y armamos también nuestros propios círculos temáticos abarcando nuestras problemáticas e intereses, y por los que nos desarrollamos como sujetas políticas que luchan por sus derechos.

 ¿Qué es el edadismo? ¿Cómo se cruza o interconecta la opresión de género con la opresión hacia les adultes mayores en lo económico y social?

Edadismo es la discriminación por edad. Nosotras como mujeres feministas tenemos en claro que la categoría de género funciona en todos los ámbitos de la vida como un vector de reproducción de desigualdad. Por otro lado, la edad también es una construcción cultural que permite clasificar a las personas. Actualmente, el paso del tiempo se interpreta como deterioro y la vejez se representa como la decadencia, la inutilidad, pasividad, el no deseo, la improductividad. Toda una mirada negativa sobre las vejeces, pero fundamentalmente sobre las vejeces femeninas, ya que si interseccionamos la categoría de mujer con la de vejez, el resultado es una profundización de la desigualdad.

Si pasas los 40 años y sos mujer se hace cada vez más difícil el acceso al empleo formal. Muchas mujeres a esa edad a cargo de hijes buscan reinsertarse más intensamente en el mercado laboral. Es una tarea titánica que cuando se resuelve es con trabajo informal, discontinuado y mal pago; para poder hacerlo, ella debe acudir a otras mujeres (familiares, amigas) que la reemplacen en la tarea de “cuidadora”, única opción para que su magro ingreso cubra algunas de sus necesidades básicas.

Cumplís 50, 60 años y empezás a ser “descartable” en el sistema productivo capitalista. Podes tener nietes y progenitores a cargo también, por factores de longevidad. El cuidado como tarea naturalizada para la mujer en las unidades domésticas, a veces, de hasta tres generaciones a la vez, nos coloca en un lugar de máxima vulnerabilidad física y psicológica, con frecuentes síntomas de estrés, ansiedad y trastornos del estado de ánimo. La desigualdad económico-social sigue presente y, sobre todo, la sobrecarga de tareas en el momento de la vida en que la mujer debiera jubilarse para dedicarse a autocuidarse, elegir y decidir cómo vivir, con quién, dónde y de qué maneras placenteras transitar esta etapa de su vida.

 El mandato de belleza hegemónica causa profundos daños en la vida de mujeres y disidencias, ¿cómo se relaciona este mandato con la discriminación hacia las adultas mayores?

El mandato de belleza hegemónica es brutal para las mujeres, que nos quiere flacas, blancas y sobre todo jóvenes. ¿Cómo hacemos para sostener este modelo cuando el paso del tiempo es inevitable? No podremos nunca sostener la juventud, es una lucha perdida. La valoración sobre el cuerpo de la mujer por su capacidad reproductiva, o la valoración estética por los patrones de belleza hegemónica, recaen fuertemente sobre las cuerpas de las feminidades que transitan vejeces, y es así como se sufre doblemente la desigualdad.

Necesitamos resignificar la vejez, y paralelamente deconstruir los estereotipos de belleza que someten especialmente a las mujeres a mandatos crueles e imposibles, y empezar a construir valores positivos sobre esta etapa de la vida, nuevas estéticas fuera de los estereotipos.

Si nos obsesionamos con los estándares de belleza, quedamos envueltas en dietas, planes estéticos, cirugías, súper entrenamientos y cuanta cosa el mercado nos imponga, alejándonos de nuestro deseo, para sometimiento y reproducción patriarcal.

¿Qué creen que debería cambiar socialmente para que no haya más edadismo?

Para erradicar el edadismo debemos desmontar toda la matriz de desigualdad que vivimos y sufrimos en los distintos ámbitos de la vida, como consecuencia del sistema de valores y sentidos construidos para interpretar los envejecimientos.

Nos proponemos una transformación social y cultural para modificar ese sistema de contenidos y percepciones, volver a ponerle valor a esta etapa de la vida, derribar los estereotipos y prejuicios negativos, a fin de que, dentro de los ciclos de la vida, no haya etapas sobrevaloradas ni infravaloradas. Empezar a hacer una lectura diferente de los ciclos vitales, proponer el diálogo intergeneracional para enriquecer los vínculos y el conocimiento mutuo. Poner el foco en las capacidades de les sujetes, en lugar de ponerlo en la edad.

Sin dudas que este proceso requiere no sólo de una militancia activa y de lucha en las calles, sino de políticas públicas que allanen ese camino para construir una sociedad más inclusiva, menos violenta, y con más justicia social.

 ¿Por qué piensan que el sistema patriarcal/machista ve el deseo de las mujeres adultas mayores como peligroso y por qué es importante reivindicar ese deseo?

Uno de los pilares del patriarcado es el control de la sexualidad de las mujeres y por ende de sus deseos. En este sistema, las mujeres aprendemos la sexualidad a partir de la represión, la manipulación y la violencia. La sexualidad de las mujeres está puesta al servicio del varón, aprendemos a ser pasivas y a ocuparnos del disfrute del otro. Además, en este contexto tenemos un absoluto desconocimiento de nuestro cuerpo, el principal mandato de género es que nuestro cuerpo es imperfecto, y debemos arreglarlo. Esto distorsiona la visión que tenemos de nosotras mismas e impide nuestro desarrollo personal, ya que nos lanza a una carrera sin fin en la búsqueda de la perfección.

El sistema patriarcal busca negar el deseo de la mujer o mejor dicho busca que la mujer “crea que desea” cuando en realidad construye su deseo para que sea funcional a los sistemas de dominación. Siglos de hegemonía consiguieron que la mujer “desee ser” ama de casa, madre, esposa dependiente, intensamente emocional, cuidadora, pasiva, objeto sexual, y sin participación política y social. Una mujer que recupera su deseo deja de ser víctima y reproductora de este Sistema.

Es a partir del movimiento feminista que las mujeres todas, incluidas las adultas mayores, comenzamos a desarmar tabúes, a identificar lo que queremos, las relaciones que queremos tener y en qué sociedades queremos vivir. Pasamos de ser mujeres que debían ser deseables, desde lo físico a ser mujeres deseantes, sujetas activas de deseo.

¿Cómo ven su movimiento desde una perspectiva de clase?

Nos definimos como parte del campo Nacional y Popular, y nuestra lucha también es contra el neoliberalismo y todas las políticas de ajustes. La vejez unida a la categoría de clase, pone en evidencia la vulnerabilidad extrema cuando analizamos los estratos de más bajos recursos. El análisis se va complejizando al interseccionar el género, la edad y la clase. Es desde este enfoque multidimensional que reivindicamos nuestras luchas.

Nos autoconvocamos para poder pensar temáticas y cuestiones que tienen que ver con otras vejeces que queremos vivir, con una amplia variedad de necesidades e intereses, no sólo la subsistencia. Venimos a construir los tiempos y el espacio para tener otras vidas, más plenas, más dignas, con diversos disfrutes y de protagonismo político y social a favor de las mayorías populares y para la justicia social.

¿Por qué es importante reivindicar Vieja como sujeto político?

Nosotras como viejas existimos en un marco histórico cultural, y dentro de este contexto actual tenemos una identidad social, que se apoya en lo construido desde la mirada externa, que no se condice con nuestra autopercepción, con nuestros sentires. Por eso la necesidad de recuperar el término «vieja» como parte de nuestra identidad (de hecho, forma parte de nuestro nombre), para hacer de esa apropiación una resignificación positiva, y visibilizarnos como nuevas sujetas políticas, configurando un nuevo esquema de valoración, de necesidades, de deseos, que contemplen este segmento social que poco y nada tiene que ver con esa mirada negativa que la sociedad pone sobre las Vejeces.

Buscamos “dar vuelta” el estereotipo que marca que nuestra mayor actividad será la de ser abuelas, tejiendo quizás, meciéndonos y mirando “la vida” pasar por la ventana.

¿Militaban en los 70? ¿Qué diferencias encuentran social y políticamente con ese momento?

En los 70 muchas de nosotras éramos estudiantes, algunas estábamos terminando el primario, otras ya estábamos en el secundario o en la universidad. Transitábamos la adolescencia, tiempo difícil para esa época. Momentos de mucha politización, inicio de espacios para pensar y proyectar otro mundo más justo y más libre.

La figura de Perón unificaba las expectativas de los sectores obreros, populares y juveniles que veían en él la posibilidad de lograr una mayor equidad social y de alcanzar la liberación nacional. Luego de la muerte del Gral., algunos libros se guardaron, igual que fotos, veíamos a los padres y adultos muy preocupados, se dejó de hablar de política, de Perón y Evita. La dictadura marcó un abrupto final al proceso de movilización social e introdujo el terror a través del Terrorismo de Estado.

Con el golpe militar llegaron los toques de queda y el temor de estar fuera de casa a las 10 de la noche, los malabares para llegar a fin de mes nos atravesaron, la Ley 1050 y Martínez de Hoz nos pegó duro. Las que estábamos en la universidad vivimos una época de miedos donde los que se atrevieron a militar pagaron duramente ese entusiasmo y ese pensar en el otro. El Estado de Terror posibilitó desmantelar las organizaciones sindicales, proscribir a los partidos políticos, instaurar la censura en medios de comunicación y de expresiones culturales y la desaparición de personas, los centros de detención clandestinos, la tortura, los secuestros.

A su vez, en esos años aumentaron las separaciones (no existía el divorcio vincular) y aumentaron en proporción las mujeres dentro de la población económicamente activa. Comenzó a hablarse de relaciones prematrimoniales y de a poco la virginidad dejó de considerarse un baluarte. Estos cambios fueron moderados, ya que no se desafió la condición maternal de las mujeres, el movimiento feminista carecía de protagonismo, así como las minorías sexuales. Las mujeres estudiaban más y trabajaban más, lo hacían hasta la llegada de los hijos, luego su lugar era el hogar. Se hablaba más de sexo, pero se mantenía la doble moral (todavía se consideraba que los hombres podían “tirarse una cana al aire”), y en muchos casos se seguía pasando por alto la insatisfacción sexual femenina.

Las dictaduras provocaron en cada una de nosotras heridas que aún hoy cuestan cerrar. Luego con la democracia se retomaron algunas luchas, y de a poco las mujeres comenzamos a juntarnos y así se fue afianzando el movimiento feminista, y los cambios en la sociedad y en la política. Conseguimos la ley de divorcio vincular, la patria potestad compartida.

¿Qué le dirían a una vieja/adulta mayor que se siente excluida de la vida activa y discriminada/desechada para involucrarla en una perspectiva más vital?

Le diríamos que existe esta grupa, que somos muchas en todo el país, y que lo que nos motivó en primera instancia a juntarnos era la idea de no sentirnos Nunca Más Solas. Tenemos espacios de trabajo, de militancia, y otros espacios dedicados especialmente a la cuestión social y recreativa. Sabemos con certeza la importancia de tener un grupo de pertenencia donde escucharnos, contenernos y acompañarnos.

El hecho de tener la obligación de asumir las tareas domésticas hace que las femineidades lleguen más cansadas y con mayores problemas de salud a determinada edad, ¿creen que con el avance de los feminismos y una mejor repartición de estas tareas van a cambiar las vidas de las adultas mayores?

Las luchas del movimiento feminista apuntan a visibilizar el modo en que las sociedades piensan a la mujer, y así se develan aspectos de la vida de las mujeres de los que no se habla ni cuestiona. Su objetivo común es la lucha por alcanzar la igualdad de varones y mujeres, mediante la eliminación de las formas existentes del sexismo, propiciando romper los compartimentos estancos, sustituyéndolos por una convivencia basada en la justicia y el reparto de responsabilidades, en la que varones y mujeres construyen juntos no sólo el espacio público sino también el privado.

Por supuesto que la corresponsabilidad en las tareas redunda positivamente en la calidad de vida de las mujeres que al llegar a la edad adulta cuentan con mayores recursos personales, una mirada más optimista y mejores condiciones emocionales y físicas para destinar su tiempo y energías al disfrute de las actividades que decidan emprender.

Siguiendo con el tema del cuidado, existe el fantasma de que las personas al llegar a la ancianidad se vuelven una carga para sus hijes –si los tienen– y/o para el Estado, ¿creen que la lucha, además de reivindicar la vitalidad de las adultas mayores, también debe involucrarse en el tema del cuidado de las ancianas?

Sí, por supuesto. Debe considerarse con qué gradualidad las viejas vamos perdiendo nuestra capacidad de autonomía y las alternativas para resolver estas etapas. En qué medida la sociedad puede prescindir de la institucionalización del vieje (siempre que no esté en desvalimiento absoluto). Pensamos en una alternativa de cuidarnos recíprocamente. Habrá viejas que desearán vivir completamente solas y otras estar conviviendo con sus familias intentando no ser una carga e integrándose satisfactoriamente. Nosotras estamos pensando vivir compartiendo espacios colaborativos, armando nuestras propias comunidades de autogestión, compartiendo afinidades, intereses y proyectos colectivos.

 Desde un sector reaccionario al feminismo se quiere instalar que el movimiento antiedadismo es funcional al aumento de la edad jubilatoria por propia voluntad de les adultes mayores. ¿Qué le responderían a quienes dicen eso? ¿Cómo se involucra su movimiento en la lucha por los derechos de les jubilades?

¡Qué curioso este dato! Antiedadismo no es anti-vejez. No venimos a decir que “no somos viejas”, sino que somos otras viejas distintas a las conocidas hasta aquí. Viejas activas, deseantes, creativas, viajeras, productivas en diversos sentidos, con muchos proyectos de protagonismo social y político. Antiedadismo es anti-discriminación a las vejeces, por lo tanto, les viejes necesitamos que se nos trate con dignidad y respeto y nos reivindicamos en plenitud de derechos. Por otro lado, en las sociedades vulnerables dentro de las cuales se desenvuelven las trayectorias de vida de las mujeres, desde su niñez hasta la vejez, subsiste el agravante de la invisibilidad social, sobre todo por lo que se refiere a la violencia de todo tipo que sufren las mujeres de parte de sus familias, parientes, instituciones, casas de larga estadía, etc. Esta invisibilidad tiene que ser develada, expuesta y transformada.

Esta generación de mujeres Cuidadoras de varias generaciones por factores de longevidad, por presiones del mercado laboral y la situación económica del país, también por los varones “borrados” de las tareas de cuidado y opresión aun del estereotipo femenino, deberíamos percibir una ayuda especial por parte del Estado y después acceder a la jubilación en la medida que a cada una le convenga. Con respecto a la jubilación y la extensión del tiempo de prestación laboral, es un atraso en el mundo, incluso en sociedades más modernas y organizadas. El tema del aumento de la edad, para ambos sexos, se relaciona más con la economía de los países, el envejecimiento poblacional, el tipo de trabajo, la automatización de las tareas, el tipo de aportes y la masa de dinero que se generen en las cajas públicas y privadas. Debemos rescatar que un sistema virtuoso absolutamente innovador, fue el que se implementó en el gobierno de Cristina cuando se crea el Fondo de garantía de sustentabilidad, fondo anticíclico, de modo que les jubilades puedan seguir cobrando aun en hecatombes económicas, el cual era un fondo intangible, pero como vimos en el gobierno que le sucedió no existió dicha intangibilidad, al hacer uso de los mismos, los cuales en parte fueron utilizados para la gran estafa de la «reparación histórica». Por supuesto nos unimos a las luchas por los derechos de les jubilades, gran parte de nuestro colectivo se encuentra atravesado por esta realidad, con sus problemáticas, conflictos y logros también.

¿Cómo ven el futuro de la organización? Cuéntennos proyectos, ideas, lo que estén planeando y tengan ganas de contarnos.

Este movimiento es muy novato, tenemos apenas un año de vida; y, sin embargo, hay muchos proyectos e ideas para trabajar. Dentro de la Revolución de las Viejas, hay 14 grupos temáticos y 25 grupos territoriales. Entre los grupos temáticos podemos nombrar a la ESI para adultas donde abordamos todo lo relativo a la sexualidad en las Vejeces, en el grupo de Movimiento Nacional de Viviendas Colaborativas se trabaja sobre distintas formas de vivir en comunidad, tomando como referencia el CoHousing y adaptándolo a distintas necesidades de las viejas. Desde Vivas y Deseantes trabajamos todo lo referido a derechos de los pacientes, cuidados paliativos, eutanasia, etc. En Alternativas para habitar las vejeces, se elaboran proyectos para pensar alternativas a la geriatrización. Tenemos un grupo de creación literaria. También otro espacio sobre ecofeminismo. Hay compañeras que armaron Red de Herramientas entre Mujeres para brindar talleres, cursos y apoyo sobre manejo de redes.

Se han armado distintos grupos relacionados a emprendedoras, artesanas y una bolsa de trabajo. Mujeres sin corset aborda los feminismos, y el grupo de Autogestión de Huertas nos enseña sobre cultivo orgánico. Por otro lado, los grupos territoriales avanzamos cada uno a nuestro ritmo, profundizando sobre las inquietudes y necesidades propias de cada lugar.

En el grupo Zonal de Mar del Plata, tenemos el proyecto de generar con diversas modalidades concientización de microedadismos y todo tipo de discriminaciones y desvalorizaciones de las vejeces, para luego poder avanzar en los cambios que demanda la presente legislación al respecto. También queremos generar algún tipo de red de contención y acompañamiento para mujeres que se encuentran transitando soledades no elegidas, con poco o ningún otro apoyo, generándose en ellas alta vulnerabilidad social.

Hoy en esta grupa nos vestimos de plateado para continuar militando, haciéndonos oír, peleando por conquistar más derechos, creemos fervientemente en el poder transformador de la lucha.

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