Por Luis Cuello

   Desde principio de año, hasta nuestros días, se han sucedido una catarata de interpretaciones, disputas y debates. El Covid-19 parece haber generado un nuevo territorio donde el pensamiento crítico puede habitar: el aislamiento. Todas las contradicciones de la sociedad contemporánea son (re) pensadas.  todo parece desvanecerse en el aire. Todas las crisis a las que nos habíamos acostumbrado ya nos parecen pequeñas aventuras lejanas. La pandemia le ha ganado al desastre ecológico, a la crisis económica, a la creciente miseria por un lado y la concentración de la riqueza en pocas manos por el otro.

   Pero en realidad, son todos aspectos de una misma y prolongada crisis civilizatoria. En estas circunstancias las voces filosóficas y de cientistas sociales han llamado la atención del público. Pareciera que este nuevo interés se genera en que la filosofía “puede ofrecernos la salvación”. Se equivocan. La filosofía no es un recetario, una cura efectiva, ni siquiera un paracetamol para sobrellevar la enfermedad. La filosofía problematiza aún más “la cosa”, esboza posibles escenarios y argumenta salidas a esta crítica situación.  En todo caso, es el aguijón que punza para que pensemos las luchas que se vienen.

   Dentro de todo este océano de interpretaciones en disputa nos interesa pescar dos de ellas. Estas dos posturas sintetizan o se complementan de alguna manera con las demás. Pero lo que más nos interesa  son sus implicaciones políticas. Nos centraremos entonces en las intervenciones de Slavoj Zizek y Byung Chul Han.

   La postura de Zizek

   Slavoj Zizek nos tiene acostumbrados a sus análisis de la ideología desde el cine y la cultura popular. El filósofo se ha declarado a favor de un proyecto emancipatorio en el siglo XXI. Este proyecto no puede sino recibir el nombre de “comunismo”. Crítico de las experiencias socialistas del siglo XX, resalta, sin embargo, la figura de Lenin, leído desde una óptica lacaniano-hegeliana.

   Según el autor esloveno, el Covid-19 ha despertado otros dos virus: por un lado, un aspecto nada nuevo en el capitalismo actual, racismo, marginación, paranoia y fake news, por otro lado, se expande  el virus de pensar una sociedad alternativa “bajo las formas de cooperación y solidaridad global”.  El capitalismo parece que no andará mucho después de este “golpe a lo Kill Bill” que le fue proporcionado. En algún momento, cuando todo este terremoto pase, se moverá y colapsará. El virus parece tener el poder de ayudar a “tumbar” un sistema social.

   Para Zizek, la “ catástrofe” actual  tiene algo positivo: la necesidad de una reorganización de la economía a nivel mundial de manera que no esté atada a los mecanismos del mercado, la necesidad de una especie de internacional de la salud en la cual este derecho básico esté por sobre el lucro.

La lógica del capital de mercantilizar cada rincón de la vida social entró en crisis. Y Los únicos que pueden “salvar” los derechos básicos y las libertades mínimas ya  no son, paradójicamente, los liberales, sino los comunistas.

   A lo que se refiere Zizek es a la vieja dicotomía en la cual la derecha afirma que el núcleo de su posición es la defensa de la libertad, frente a la izquierda que defiende la igualdad. A esta vieja dicotomía podemos responder con la vieja pregunta ¿De qué me sirve tu libertad, si no tengo igualdad? ¿De qué sirve sin comida, sin educación, sin acceso a la salud?

   Sí. Somos libres… Libres de morirnos de hambre.

   Byung-Chul Han: biopoder y vigilancia digital en tiempos de pandemia

   Byung-Chul Han pinta un panorama más sombrío y menos optimista que el de Zizek. Para el autor de “la sociedad del cansancio”, Europa está fracasando y Asia (analizando a China, Taiwán, Corea del Sur y Hong Kong) tiene ciertas ventajas gracias al control poblacional.  La fe de estos países orientales se encuentra, no tanto en el sistema sanitario y sus especialistas, sino en el Big Data. La vigilancia digital les está dando mucho más resultado que el absurdo cierre de fronteras que proponen los países occidentales.

   En este estado de observación permanente, la conciencia crítica de la población es casi nula. Es por eso, y por la “mentalidad autoritaria” de los estados asiáticos, que los habitantes no ven esto como un “estado de excepción”. Drones que controlan que se cumpla la cuarenta, apps y cámaras que toman la temperatura y tienen alto grado de reconocimiento facial.  A diferencia de la vida occidental, para los ciudadanos chinos no existe “la esfera privada” separada de una esfera pública.

   Para Han, Zizek se equivoca. Nada de lo que está aconteciendo muestra que el capitalismo haya recibido un “golpe mortal”. Tampoco el Estado Chino sucumbirá frente a la pandemia, sino que exportará su exitoso modelo de vigilancia digital a nivel mundial. El autor surcoreano afirma que ningún virus acabará con el capitalismo, sino que éste volverá con más fuerza después de este impasse.

   No compartimos  que nada cambiará después de la pandemia, pero si compartimos que el virus por sí mismo no puede tumbar la sociedad del capital. La esperanza de Chan es que nosotros, “los seres dotados de razón” somos los únicos capaces de revolucionar la realidad. Es difícil no coincidir con esto

   Desde Lenin

    Frente a la cuestión casi escolástica de preguntarnos revolución si o revolución no, la apuesta de esta intervención es preguntarnos por las condiciones de posibilidad  de una transformación revolucionaria. La propuesta de esta intervención puede parecer una herejía: intervenir en el debate de sesudos filósofos, politólogos y economistas desde Lenin.

Sin embargo, a la hora de debatir sobre el capitalismo, sus crisis, sobre revoluciones y contrarrevoluciones, ¿Quién mejor que el máximo dirigente de la Revolución Rusa? Si hay alguien que, a lo largo de una cantidad inabarcable de artículos, libros, participaciones en congresos, etc. Ha conceptualizado y estudiado concretamente las marchas y contramarchas de un proceso revolucionario, ese es Lenin.

   Frente al debate de Zizek Y Byung-Chul Han, consideremos el concepto leninista de “situación revolucionaria”. De esta manera, podemos acercarnos más concretamente a intentar dar un diagnóstico sobre la actual coyuntura.

   ¿Cuáles son las condiciones de posibilidad de una situación revolucionaria?

   Lenin usa por primera vez el concepto de situación revolucionaria en 1913, en “la celebración del 1ero de mayo por el Proletariado Revolucionario”[1]. El análisis surge luego de una gran movilización obrera y popular que fue reprimida, pero aun así las masas siguieron en las calles y los militantes seguían con sus tareas de agitación y concientización de manera cada vez más fuerte.

   El dirigente bolchevique lo dice de la siguiente manera: “Rusia vive una situación revolucionaria porque se ha agudizado al máximo la opresión de la aplastante mayoría de la población, no sólo del proletariado, sino de las nueve décimas partes de los pequeños productores, en particular de los campesinos, y esta opresión agudizada, el hambre, la miseria, la falta de derechos y la humillación del pueblo se hallan además en flagrante contradicción con el estado de las fuerzas productivas Rusia, con el nivel de conciencia de clase y las reivindicaciones de las masas despertadas en el año 1905, así como con la situación en todos los países vecinos, no sólo europeos, sino también asiáticos.”[2]

   Pero esta generalización de la miseria y la opresión, no es suficiente para diagnosticar una situación revolucionaria: “En la mayoría de los casos para que estalle la revolución no basta con que los de abajo no quieran seguir viviendo como antes. Hace falta, además, que los de arriba no puedan seguir administrando y gobernando como antes.”[3] De esta manera, la situación se radicaliza hasta llegar a una crisis que afecta los cimientos mismos del sistema estatal. Se pasa entonces de una crisis económica a una crisis política. En esta situación las masas que pasaron la mayor parte de sus vidas apáticas a la “política”, se vuelcan a las calles, no renuncian a sus exigencias que, pasan de ser meramente reivindicativas (mejores salarios, menos horas de trabajo, más derechos, etc.) a ser estrictamente políticas.

   Entonces podemos preguntarnos ¿Estamos en esa situación? En contra de nuestra expresión de deseos, no estamos cerca de tal situación. Por lo tanto, el “golpe mortal” al capitalismo del que habla Zizek no es tal. ¿Estamos en una situación, en la cual, se agravan las condiciones de vida de gran parte de la población? Lo estamos. La Organización internacional del trabajo habla (y siendo optimistas) que gracias a la pandemia se perderán en el mundo  unos 25 millones de puestos de trabajo; pero, no solamente por la pandemia. Cuatro décadas de políticas de austeridad neoliberales han arrojado a la pobreza a millones de personas y desfinanciado los sistemas sanitarios. Y no solo se trata de la clase trabajadora, podemos ver la situación de miles de pequeños empresarios y comerciantes por ejemplo,  que tuvieron que bajar sus persianas durante 4 años de políticas macristas en Argentina.

   Pero el sólo aumento de la pobreza, la marginación, la opresión de género, no genera por sí sola la “situación revolucionaria”. ¿Están desarrolladas las condiciones para que los de abajo estén decididos a no seguir viviendo como viven?  ¿Los de arriba no pueden seguir gobernando como antes? ¿No les funcionan los aparatos ideológicos del capital para asegurar la reproducción social? ¿El movimiento de masas está dispuesto a enfrentar al aparato represivo?

   En gran parte del mundo no estamos en esa situación. Chile es un ejemplo de este tipo de situaciones en las cuales las masas no dejan las calles a pesar de las repetidas represiones, a pesar de algunas migajas que dio el gobierno de Piñera, a pesar de que por arriba muchos diputados y legisladores tratan de burlar las peticiones de las masas. La consigna de una asamblea constituyente,en la cual se revise toda la nefasta herencia pinochetista, habla de un salto en la conciencia de las masas. Aunque este movimiento parecía muy prometedor, si no incorpora metas socialistas quedará a mitad de camino. Este proceso, se vio interrumpido por el aislamiento obligatorio para enfrentar la pandemia. Pero en tanto cese “la peste”, los trabajadores, las mujeres y los estudiantes chilenos volverán a las calles.

Ocaso del Discurso Neoliberal

   Nos encontramos entonces en una situación un poco más moderada que el “regreso del comunismo”, podemos denominarla como el ocaso del discurso neoliberal. A eso quizá es a lo que se refiere Zizek cuando habla de que la salud no puede quedar en manos de los mecanismos del mercado. Este modelo de mercantilización de la salud, la educación y los bienes naturales entró en crisis. Las políticas públicas surgen con más fuerza para dar respuesta a la pandemia. El lucro sin fin entra en contradicción con el cuidado de la vida.  Esto no significa que tengamos que renunciar a los objetivos socialistas. Caer en la trampa del “realismo posibilista” es terminar glorificando el status quo. De lo que se trata, es de analizar la situación concreta en la que estamos.

   En los países impulsores de las políticas neoliberales como Francia y Alemania se empiezan a tomar medidas “estatistas”. Incluso Estados Unidos deberá hacerlo. Los que siguen con las políticas de ajuste como Bolsonaro en Brasil, cosechan su propia caída. Gobiernos como el de Alberto Fernández, que han tomado medidas preventivas para evitar la rápida expansión de los contagios y el consecuente colapso del sistema de salud, están siendo presionados por lo más concentrado de la burguesía para que “afloje” un poco con la cuarentena.

   Los grandes ganadores del gobierno de Macri no quieren perder nada. Los acaudalados Paolo Rocca y Caputo presionan despidiendo a trabajadores, Fravega propone que sus trabajadores solo cobren el 30% de su salario, Mc donals reduce los salarios a la mitad.  La lucha de clases no descansa en tiempos de pandemia.

   Este ocaso neoliberal no es una ley que se va a cumplir con férrea necesidad. Es más bien, un territorio en disputa. Sin concientización, presión y movilización popular ningún cambio se realizará. Ningún gobierno, y mucho menos el capitalismo cae por su propio peso.


[1] Obras completas, t. 19, pp. 461-470.  

[2] Óp. cit. pp. 464-465.  

[3] Óp. cit. p. 465.  

Un comentario en «¿Y si Lenin interviene en el debate?»

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